Derrengo del pastor

Derrengo del pastor

12.00 

Ediciones En Huida.

Colección Extravaganza.

SKU: 978-84-945055-7-7-1 Categorías: , Etiquetas: ,

Federico Manfredi

Federico Manfredi, también conocido con el pseudónimo de “Pastor del aire”, se jacta de tener una privilegiada cabeza para meterla bajo la almohada en días de tristezas. Cuando los cielos amanecen azules, trisca como loca corza por las breñas del verso y la prosodia. De nada sabe, pero tiene claro lo que le gusta, o eso cree, le gusta esa hora de fuerzas contrarias que queda enrejada en las varillas de un volandero abanico. Federico siente como su corazón queda traspasado por una espada de fuego sobrenatural cuando al contemplar el alba, ésta, viene vestida con un frac de sangre impermeable, y el amor detrás, custodiado por cuatro rizados cirios, de cuatro rizados labios, de cuatro rizadas camelias, de cuatro rizados niños morados como cuatro líricas berenjenas. No hay lirón de nieve, ni sierpes con forma de pequeña harpa, ni foca que coma peces desbocados, que no haya acampado alguna vez por sus blancas sienes soñadoras, de una azúcar muy cernida, ¡cernidísima! Cuando llega la noche, las milenarias criaturas de hirsutas nostalgias y peludas añoranzas, salen en busca suya, y el corazón se le escurre latiéndole con vehemencia. Federico Manfredi, como un bobo sátiro que no conoce el uso paliativo de la siringa para el mal de amores, -y es que Federico, al igual que todos los bobos sátiros, está perpetuamente enamorado-, a veces mira el cielo, y dice: “Yo poeta sin manos en alta tarde, me pregunto: ¡Ay! ¿En qué piensas, Federico? ¡Siempre mirándote en las nubes! ¡Tonto pastor que no te reconoces!”. A grandes rasgos ese es Federico, que no es un Federico, ¡es un idiota! Ah!, entre tanto ha escrito algún que otro libro de muy escasa trascendencia.

Product Description

Autorretrato

Federico Manfredi, también conocido con el pseudónimo de “Pastor del aire”, se jacta de tener  una privilegiada cabeza para meterla bajo la almohada en días de tristezas. Cuando los cielos amanecen azules, trisca como loca corza por las breñas del verso y la prosodia.

De nada sabe, pero tiene claro lo que le gusta, o eso cree, le gusta esa hora de fuerzas contrarias que queda  enrejada  en las varillas de un volandero abanico. Federico siente como su corazón queda traspasado por una espada de fuego sobrenatural cuando al contemplar el alba, ésta, viene vestida con un frac de sangre impermeable, y el amor detrás, custodiado por cuatro rizados cirios, de cuatro rizados labios, de cuatro rizadas camelias, de cuatro rizados niños morados como cuatro líricas berenjenas.

No hay lirón de nieve, ni sierpes con forma de pequeña harpa, ni foca que coma peces desbocados, que no haya acampado alguna vez por sus blancas sienes soñadoras, de una azúcar muy cernida, ¡cernidísima!

Cuando llega la noche, las milenarias criaturas de hirsutas nostalgias y peludas añoranzas, salen en busca suya, y el corazón se le escurre latiéndole con vehemencia.

Federico Manfredi, como un bobo sátiro que no conoce el uso paliativo de la siringa para el mal de amores, -y es que Federico, al igual que todos los bobos  sátiros, está perpetuamente enamorado-, a veces mira el cielo, y dice:

“Yo poeta sin manos en alta tarde, me pregunto: ¡Ay! ¿En qué piensas, Federico? ¡Siempre mirándote en las nubes! ¡Tonto pastor que no te reconoces!”.

A grandes rasgos ese es Federico, que no es un Federico, ¡es un idiota!

Ah!, entre tanto ha escrito un libro en esta misma editorial que lleva por título DE ANDALUCÍA A HARLEM DE HARLEM POR ANDALUCÍA (Ediciones En Huida.)

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