Os dejamos la nota que Enrique Baltanás preparó con motivo de la publicación de La luz entre los cipreses, de Jesús Cárdenas.

«PRÓLOGO

A un poeta joven, a un poeta que empieza, siempre hay que alentarlo. Porque no sabemos aún lo que será capaz de brindarnos en el futuro, qué frutos en sazón y en madurez habrá de ofrecernos. Porque un poeta joven, un poeta que comienza, es siempre una promesa abierta hacia el futuro.

Y, ¿hacia qué futuro? El de volverse hacia sí mismo, hacia su auténtica autenticidad. En el primer libro está todo. Está ya todo. Un primer libro es una promesa y un enigma pero, sobre todo, es un amplio muestrario de lo que es y será el mundo del poeta. Y el poeta volverá a él una y otra vez en busca de nuevas vetas ocultas y escondidas, pero presentes y actuantes.

Jesús Cárdenas Sánchez publica a sus treinta y ocho años, edad madura que demuestra que el poeta no se ha precipitado en publicar, este su primer libro, La luz de entre los cipreses, y este libro es una promesa porque es ya una realidad. Una lograda realidad que nos muestra un mundo propio, personal, intransferible.

Un mundo en el que no está ausente la contradicción de la propia voz poética, que es la de todos a la vez, en un enfrentamiento de máscaras sucesivas:

Soy la hendidura y la hoja de cuchillo.

Las cosas que puedo darte

y la luna que tú me pides.

Lo que nos conmueve

y lo indiferente por costumbre.

Soy todavía santo y criminal,

los espejos y el tiempo…

Se revela aquí una preocupación metafísica por el sentido de la vida, por la verdad o la mentira de la misma, donde al final, o en cualquier instante

Habrá que preguntarse si valió la pena

Comprobaremos si en realidad la vida

Fue ese grito de fin de semana

Un paréntesis entre batallas y derrotas.

El poeta sabe que las palabras, tanto las propias como las ajenas, poseen una inverosímil, una fantástica capacidad para la mentira y para la impostura. De ahí que lo denuncie, y nos lo avise, en estos versos de su poema “El dolor en las palabras”:

Tras ellas guardamos una mentira,

una reserva nuestra que ocultamos,

una traición a nosotros mismos,

y un daño persistente en la memoria.

Y ni siquiera aquí, en la memoria, nos será dado el refugio ante tanta incertidumbre y tanta inseguridad como acosa al poeta. Quien sabe que “soñar es reflejarse en espejos de niebla”, sabe también que la memoria

tiene un código gris en combados estantes,

las palabras precisas y la música

que huele a humedad y certidumbre.

Por eso, y con todo, sea en el trasmundo de los sueños donde quizás hallaremos la verdad más verdadera, la nuestra. Porque como dice el poeta alcalareño “cuando alguien sigue el sueño, mirándose a sí mismo/ se cumple su destino más secreto y más libre”. Un destino que irremisiblemente habremos de alcanzar en soledad, voluntaria o involuntaria:

Nunca habita en los bancos de los parques

ni en ventanas antiguas empañadas

ni en las frías paredes de hostales periféricos:

la soledad en uno mismo habita.

Pero sin duda es la veta amorosa la más relevante de todo el poemario, y la que lo vertebra en sus diversas modulaciones. Porque el amor, sensual y carnal, pero también algo más, asidero espiritual y vital, se ha convertido en el sancta sanctórum del poeta, en su refugio más íntimo. “Quiero verte desnuda”, afirma el poeta: “Desnuda, donde solo tu oleaje, tu voz/ y tu respiración agolpada confluyan/ en tu vientre un secreto y un refugio en tus pechos.”

“Envuelta en sueño y carne”, la amada viene hacia al poeta como última tabla de salvación, que es la de la salvación por el amor. “Envuelta en sueño y carne”, sí, porque reúne esas dos cualidades misteriosas de la piel y el alma. Y porque es “Ella, la única respuesta” ante tanta desazón y desconcierto, ante tanta ignorancia del mundo y sus secretos. Como la Beatriz del Dante, se convertirá en su guía definitivo:

Logra desde su hondura sosegarme.

Cuando me despierta, sólo entonces,

podré transitar por el espanto y el miedo.

Jesús Cárdenas Sánchez publica este su primer libro, La luz de entre los cipreses, y este libro es una promesa porque es ya una realidad, una lograda realidad poética que, en sus múltiples vetas y registros, el moral, el metafísico, el amoroso…, nos ofrece un poemario coherente y cohesionado, plagado de excelentes aciertos en su dicción segura, de hallazgos metafóricos sorprendentes, al mismo tiempo que un lenguaje claro y entendible.

No sabemos aún lo que será capaz de brindarnos en el futuro Jesús Cárdenas Sánchez, qué frutos en sazón y en madurez habrá de ofrecernos. Pero, sí estamos seguros de que, al seguir por este camino, su camino, el que él mismo se ha trazado, podemos esperar lo mejor. Porque de eso se trata, de mejorar lo que ya es bueno, por la senda reencontrada de sí mismo, por la secreta escala que nos lleva desde las primicias hasta las postrimerías, desde nuestro yo actual hasta nuestro yo futuro. Mucha suerte le deseo, no hay que decirlo, a Jesús Cárdenas Sánchez, en su singular singladura como poeta.

Enrique Baltanás»