Os dejamos esta reseña sobre Samoa existe, de Clara Urbano, escrita por Pino, librero de Enclave de Libros (C/de los Relatores, 16, Madrid). Samoa existe se presentará este sábado 29/11 a las 12h en esa misma librería y acompañarán a la autora los poetas Esther Peñas y Daviz Efe.
«No sé comentar un poema, es más, no me interesa, aunque me intriga, quizás por la aleatoria in-consistencia que genera. Para decir en qué piensa el poema, siento como si no hubiera otra lengua que la poesía. O el silencio. Ojo, no se trata de una posición purista, quizás formalista, esto es, veo imposible ponerme delante del lenguaje como un espectador observando un paisaje, pues como sujeto soy parte de ese lenguaje, así que me parece que solo puedo decir algo que ofrece sentido, pero no produce saber.
Podría listar en orden los comentarios-jeroglíficos que he ido pegando de impulso en la copia virtual del libro, dentro de algunos poemas. Listarlos sin más, y dejarlos rozarse y resonar. Tal vez sea la forma que más me convence, en todo caso aquí van sin corregir, en su grotesca e inútil compulsión:
Salir de sí misma – el diagrama de una conciencia abierta, distante, en fuga pero con un deseo definido, casi pre-consciente – Una poética del tiempo desarrollada desde un yo en disolvencia pero siempre resurgente, e insurgente – Rituales de desaparición, las entradas y salidas del yo – verticalidad y silencio del estruendo – un yo presente/ausente, que late, que no cabe en el lenguaje y a la vez se disuelve en él – extinción de lo público y compromiso constante de desprendimiento y reapropiación a través del cuerpo y del otro – Por más que me lo digo/ nada/ que no quepo (o no me cabe) – Dime/ ¿cuándo te fuiste/ de ti misma (divergencia del cómo, tiempo de replicarse al infinito) – la imposible actualidad de toda profecía – éxtasis de la desaparición – Interpelación y negación de amor – el pequeño panteón individual de la resonancia de lo político – una secuencia en cuatro actos, desde lo personal a lo colectivo con una línea de tiempo poético…- las heridas de la servidumbre maquínica – Los actos/ de resistencia/ son/ pequeños (la forma de los actos de resistencia) – es preciso/ voltearnos/ a ver/ que nada nos persigue (¿es preciso devolver la persecución a la nada, o proyectar una nueva ilustración radical?) – No hay/ peor traición/ que idealizar al poeta (no hay mejor plan que desertar el lenguaje) – una leve ironía en ocasiones desmitifica, vuelve a modular lo trágico y lo ineluctable – Estamos/ recuperando/ el cuerpo (para perderlo una y otra vez)…
Me quedo agradablemente incómodo comentando algunas fenomenologías, emociones e ideas, cuyos automatismos neuropsíquicos me resultan totalmente desconocidos. Samoa existe pone en movimiento, exitosamente, algunos de esos automatismos, busca el límite del poema y del cuerpo pues es una oda a la intermitencia, un sentir de la impotencia del sentir y a la vez la conciencia irónica de ese trágico tránsito. Efectivamente, transito parece ser una cifra del poemario: tránsito entendido como proceso que va de lo mismo a lo mismo, y no para significar un principio de indiferenciación, sino para afirmar cierta no-identidad, la diferencia de toda realidad con respecto a sí misma, el florecer de su virtualidad, de su devenir metamórfico. Por eso, el tránsito lidia continuamente con su contrario, lo banal, lo que es perfectamente adecuado a sí mismo, que es incapaz de transformaciones, lo que queda idéntico en un estado de completa y obtusa fijeza. Lo que vivimos hoy.
A través de este conflicto carnal entre el tránsito y lo horriblemente banal de nuestros “males”, un conflicto ritual y feroz, se queda uno en suspenso de una devolución simbólica a un estado de relaciones y poderes íntimos y colectivos que pueda restituirnos el eros del mundo. Por eso, una mirada unitaria del poemario sería la reivindicación de una filosofía de lo cotidiano, como experiencia de una radical atopia (Samoa). De hecho, es lo que amaga cada poema, invocando una posición indefinida y una identidad siempre imprecisa, pese, o gracias, a las “buenas intenciones” encarnadas en algunos finales de restitución/recomposición/reinvención, pues esos anhelos funcionan como señuelos, exorcismos, des-individuaciones, más que como deseos frustrados.
Se trata de engañar al poder, primeramente, el que incorporamos, dejando recitar la parte de la oposición dialéctica conocida (ya “extraída” por el sistema) a un holograma, que hay que dejar suicidarse dulcemente. Y estar siempre en otro lugar, esto es, buscándolo sin encontrarlo nunca. Ritornelli para la noche oscura, de la que no volverán a florecer nostalgias políticas, tan solo islas y glaciares, constructos y situaciones utópicas durante un tiempo, largo y roto como el espacio que habitamos.
Como reflexión abierta sobre el tiempo poético, desde la lectura de algunos poemas de Samoa existe imagino un tiempo que disuelve la linealidad, operando por saltos, repeticiones, bucles o intensidades. Donde el futuro es preeminente respecto al pasado, de modo que condiciona el presente y el pasado se reconfigura constantemente desde el presente. El poema no reflejaría un tiempo externo, sino que constituiría su propio tiempo, creándolo en el acto de enunciación y lectura. En este mismo sentido me parece que vaya la sensación psicogeográfica que por momentos atraviesa Samoa existe. Una interpelación profética en tránsito».
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