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«Impresiones
Esta novela tenía todos los ingredientes que hacían esperar que me gustase: un autor cuyo buen hacer ya conocía, una ciudad fascinante como escenario, un toque de intriga… Así que, con los ingredientes adecuados, una buena receta y el punto justo de cocción, me he relamido de gusto con una novela que me ha encantado.
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| Piazza San Marcos |
Efectivamente, Francisco Granado no escribe de una forma corriente. Sin denostar a los best-sellers –que ya sabéis, por muchas de mis reseñas, que a mí me gustan pues tienen lo que suelo buscar cuando abro un libro-, Francisco demuestra que se puede entretener, que se puede escribir una novela de misterio o un thriller sin, por ello, olvidarse de la buena literatura. Su lenguaje es exquisito; a lo largo del libro aparecen frases y expresiones que no son de uso corriente y que no suelen aparecer en los libros que tengo la costumbre de leer. Posee un vocabulario extensísimo, muy culto y cultivado, así como la forma de juntar las palabras, hilando frases con un tono que llega hasta ser poético. Me congratulo en tener yo misma un vocabulario bastante extenso y entender, aunque no siempre utilizar, palabras y expresiones de uso no muy frecuente; no obstante, me ha maravillado encontrarlas aquí, en una novela de misterio. Y, lo que más me ha sorprendido es que “pegan”, que están tan bien utilizadas, tan bien engarzadas en la acción, en la historia, que lo único que hacen es aportar calidad al libro.
Será Adrián, en primera persona, el que nos cuente los hechos: la investigación del presente así como hechos del pasado, de su vida y del clan Lucano. Ya he comentado en alguna reseña que, personalmente, me gustan mucho las historias contadas en primera persona por su protagonista. Cierto que, con ello, sólo vemos una perspectiva de la historia, pero también lo es que nos acerca mucho más al protagonista, hace que le conozcamos muy bien, lo que es, lo que piensa, lo que siente… Y cuando el narrador es un buen protagonista, ya tiene mucho ganado. Adrián lo es. Es un hombre joven, periodista, que tiene una triste infancia tras de sí. Vive en España pues huyó de Venecia en dos ocasiones: en la primera, para huir de sus primos Lucano, que le estaban haciendo la vida imposible; la segunda, tres años antes, pues fue junto a su entonces novia, la bellísima Rebecca, a visitar a la familia, y ésta le dejó plantado para iniciar una relación con el patriarca Lucano. No obstante, la muerte de éste le hace volver y es que, por encargo suyo, está escribiendo sus memorias y, desgraciadamente, necesita el empleo para vivir.
A Adrián es, obviamente, al que mejor conoceremos de los personajes que pueblan esta historia. De los demás no se hace un estudio tan exhaustivo de su personalidad como se hace de Adrián; no obstante, sí que se define bastante bien sus formas de ser para que nos hagamos una idea de su forma de ser y actuar.
Junto a la historia de intriga y a la historia familiar, el tercer componente de esta novela sería Venecia. La preciosísima, bella y decadente Venecia es un personaje más y no el menos importante. Tengo la suerte de haberla visitado hace muchos años pero os prometo que ha sido un auténtico placer pasearme por sus “calles”, subirme junto a Adrián a góndolas y barcas motoras, entrar en diferentes palazzos e iglesias, tomarme un café en el Florián de la plaza San Marcos (y eso que yo soy de té)… Y, por supuesto, me han entrado ganas de volver allí para conocerla más ampliamente, como Adrián. Hay muchas descripciones de Venecia, una ciudad como no hay otra en el mundo y se nota que el autor la conoce y la ama. Quizás la novela pudiera transcurrir en otro lugar del mundo pero, sin duda, no sería lo mismo…
Para que os hagáis una idea del estilo del autor:
“La piedra puede convertirse en blasones, columnas, mosaicos, arcos, ángeles. Su forma estancada ofrece duración, ya que no eternidad. Pero el agua no es capaz de permanecer quieta adoptando una forma, tal vez por eso la persigue como una amante incansable para besarla, para lamerla. La piedra, antes de caer desgastada, ha sido capaz de representarlo todo. El agua la envidia por ello, a pesar d esu poder. Y tomará venganza. Venecia lo sabe” (pag. 165)
Y uno siente que participa en ese acto de resistencia final, y acude como tantos otros al reclamo de ese adió que por sutil ironía se prolonga. Hasta el más ingrato visitante sucumbe a la estética del final heroico, como si escribiera con su presencia un verso más en el fastuoso poema de Venecia, en su espléndido naufragio” (pag 285)
¿No me digáis que no son párrafos de una delicadeza y belleza exquisita, nada habituales en novelas, ya no sólo de intriga, sino en la mayoría de novelas actuales? Como los tres que os he copiado más arriba, hay muchos otros desperdigados a lo largo de la novela, que gustarán a los lectores de paladar más exquisito. Pero, como digo, se combinan perfectamente con el diálogo, la intriga y el ritmo constante lo que hace que la novela, además de estar bellamente escrita, sea fácil de leer y entretenga en todo momento.
Conclusión final
“Regreso a Venecia” no es una novela de intriga al uso, pues la maestría de la pluma del lector, la eleva sobre la calidad media de las novelas de este género sin, por ello, perder su finalidad última: el entretener al lector. Con un protagonista que nos cae bien desde un principio el cual, en ocasiones, da el toque ligero y de fino humor irónico a la historia, con un escenario fascinante y, como toda novela del género que se precio, con ritmo e interés contantes, la novela conjuga una interesante historia en la que no faltan las sorpresas, el amor y los secretos y rivalidades familiares.



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