CUANDO LA POETA DICE BASTANTE

Mi padre nació en Praga, de Rosario Pérez Cabaña

por Isabel Bernal

Y dice porque parece que ha dejado de soñar lagartos. Tremendo sueño si despierta de él a revueltas con todo. Mi padre nació en Praga (Ediciones en Huida, Poesía En Tránsito, 2014) son los últimos versos de Rosario Pérez Cabaña, la poeta que nos mal acostumbró a permanecer con la boca abierta justo después de que la suya cantase. Ahora coge el pincel de la mano del expresionista Oskar Kokoschka para a través de sus memorias reconstruirse y reconstruirnos.

No logro recordar cómo se recuerda pero lo intento, lo intento sin miedo. La voz de la poeta en un biombo de tres pantallas que la protegen del viento del olvido quizás nos esté hablando de la necesidad de morir una y mil veces y renacer con valentía como hiciera el austríaco.

 Kokoschka es excusa y denuedo. El artista impulsa cada una de las partes en las que se estructura el poemario. En un principio, Oskar y yo, se une a la voz poética para guiarnos en un recorrido geográfico vital (Pöchlarn, Triana, Dresde, Praga, el Valle de Jerte, la Ermita del Castillo, el Guadalquivir, el Danubio, los Alpes…) donde convergen el propio Oskar, la autora y el homenajeado padre. Pérez Cabaña persigue el color que le falta al Cabo Espichel con la ilusión puesta en una casa para dos en la que Escribiré tu nombre junto al mío. Mucho antes ha leído “Testamento”, se ha reconocido en una aldea de la alta Austria y ha concluido que es hora, ya es hora, de pintar aquello que queda en su memoria, o en la de otros. Esta poeta ha pasado a ser menos boca y más mirada, a pesar de sus adverbios Oskar le revive el cuerpo. Y sí, la poeta está de cuerpo presente trasfundimos las sangres, los recuerdos /Al lamernos las manos ya no sabemos quién es uno, quién es otro / se mueren los peces en mis pies solo de no desearte

 

La vuelta al erotismo de Rosario pero desde todas las mujeres posibles, las que puede ser Rosario y las que han sido de Oskar. Parte de la magia de Mi padre nació en Praga radica en esa voz que no se resigna a la soledad, que decide compartirse y tomar del recuerdo colectivo. Y sucede a veces que en mi memoria, en la de Oskar, hay cosas que no sucedieron jamás, que otros las pusieron para mi disfrute y aprendizaje.

En definitiva, se trata de hacerse un otro mejor, o de volverlo a intentar, como poeta, como mujer. Aprender de Oskar que la risa de Richard Gerstl es la risa de los rozados por una verdad o por un astro, y que esa risa, después de rezar y mirar al cielo, también da vida, como la memoria.

Oskar y las memorias, segunda parte de este poemario se desarrolla de forma paralela a la primera. Aceptábamos la recomendación de la abuela Salud de no creer en la belleza y ahora acatamos la última voluntad de la abuela en las montañas de Estiria Voy a morir exactamente a la sombra, y entendemos que aquí se trata de hacer lo que uno quiera, de comer los frutos rojos del cuerpo del otro, de arrojarse a lo que me das sin humillación alguna. Esta vida, estos recuerdos son un regalo. Y esta es mi ceremonia de aceptación. Te quiero, te acepto. Una mujer enamorada está plenamente capacitada para morir de golpe.

Para llegar al amor, Oskar, Rosario, han pasado por sus muertes y se han enfrentado a sus verdugos. La clave de todo, por más que la poeta se enroque en la memoria, se halla también en  el poder creador de la mirada. Cuando llegamos a Oskar y el padre, en ese viaje de Praga a Triana, se nos caen las promesas de la maleta. El padre de Rosario, un hombre que cultiva un jardín, que cierra los ojos porque ya no ve, ni reconoce, ni crea. Y ni siquiera me has mirado, se lamenta la hija, y  mis ojos tienen el color de un recuerdo tuyo. Otra inundación de la que un Oskar huye y en la que el otro ve arrastrados sus sueños. En el agua flota la hija Soy tu hija o tu memoria perdida, la que lee a los pies del padre, la que le pide que escriba un poema, que sea ella. La que en su acto de amor se ofrece como Alicia la curiosa, como Emma la indolente, como Melusina en el agua, como todo lo que necesites Padre nuestro sin nosotros.

 

Puede ser el momento para estos versos. Puede que necesitemos posar para alguien que nos traiga de vuelta.