Camino donde baten tiernas las alas

Camino donde baten tiernas las alas

Camino donde baten tiernas las alas

  “La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”—afirmaba el filósofo y escritor indio Rabindranath Tagore, y el color de nuestro universo es azul.Azul, como esta piedra en el camino de Almudena Tarancón.

En la antigüedad se relacionaba al azul con el infinito, la inmortalidad, la realeza, lo sagrado. Era el color de los faraones, las divinidades, las vírgenes… Los dioses viven en el cielo y el azul es el color de todo lo que a ese cielo pertenece. La experiencia continuada ha convertido al azul en el color de todo lo que deseamos que permanezca, de todo lo que debe durar eternamente.

Almudena Tarancón tiene una parte muy importante de su piel en ese cielo, en esa inmortalidad que ella desea más que nadie que exista, que persista, que espere. Por eso, en las rimas XVII y XVIII de la tercera parte de este libro confiesa:

XVII

A veces vuelvo a los recuerdos.

Aquellos que quedaron como espinas

fueron una realidad:

fueron rosas.

XVIII

Tendré que esperar que maduren las estrellas

y caigan los frutos de los árboles del firmamento.

Paciencia.

El azul es un color fresco, tranquilizante que suele asociarse con la parte más intelectual de la mente, pero también es el color que más asociamos con la simpatía, la armonía, la amistad y la confianza, todos esos sentimientos que se alcanzan con el tiempo y que se basan en la reciprocidad, y de los cuales, Almudena anda más que sobrada.

Almudena Tarancón ha traspasado la necesidad exclusiva del amor-desamor de pareja que impera en el primer libro de casi todos los poetas. En el suyo,  nos muestra una poesía madura, introspectiva, reflexiva de sí y su entorno, que se afianza en su presente sin dejar de contemplar el pasado, y para ello, busca palabras errantes.

La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano —decía Carmen Conde,y a la mano de Almudena Tarancón le llega desde su corazón, incluso sin nombrarla, una de las definiciones más exactas que yo conozco del concepto de poesía:

Mi pensamiento
en su empeño reflexivo,
en su andar,
busca ser un sentimiento:

…y, aunque ella lo dedica al amor, para mí no hay mejor definición de poesía que la de un pensamiento que después de la reflexión del poeta, llega a lo más profundo del sentimiento del lector.

Puestos a destacar definiciones, también Tarancón se autodefine con este verso:

                  “Es mi esencia la levedad que lleva el aire”


Quienes la conocemos, quienes tenemos la suerte de contarnos entre sus amigos, sabemos cuánto de verdad hay en esa definición: la delicadeza que de sí desprende esta buscadora de palabras.

El oficio de escritor es uno de los oficios más precarios, pues no dispone de herramientas específicas: tan solo la palabra, esa palabra que forma parte del decir cotidiano, la que anuncia colonias o automóviles, la que confecciona la lista de la compara o constituye el discurso de un político… ese, ese es el único instrumento del que dispone el poeta para hacer que nuestras almas vibren. Por eso yo me fijo muy bien en ellas, porque son las que nos hablan fielmente de su autor, porque anidan y salen del subconsciente, porque proceden de la mente y se asientan en su mano. Tiene Almudena un lenguaje sencillo, pero culto en el que como derivación natural de su profesión aparecen términos del mundo clásico: Capitulaciones, saeta, sitiar, conquistar, ciudadela, centuria, cista, estatuillas votivas, lucernas… Pero además, conoce muy bien el mundo de sus pensadores y filósofos. Por eso cita a Platón o a Marco Aurelio; y tal como este filósofo hiciera en su obra Reflexiones, Almudena nos va desgranando las suyas a lo largo de este Camino de piedra azul. En su atracción y conocimiento de la cultura clásica, la poeta transmite su sentir en un poema a Niké que, como recordaréis, es el nombre original de la Victoria de Samotracia; esa mujer sin cabeza ni brazos, pero alada, que preside el museo del Louvre y que es símbolo del triunfo en la Mitología.  Cuenta la leyenda que esta semidiosa pasó sus primeros años de vida entre los mortales pero que, al conocer el lado oscuro de la humanidad (el crimen, el odio, la maldad), decidió regresar al Olimpo,.

Y ahí tenemos de nuevo esta piedra azul que se asienta en el camino de Almudena, como un talismán de buenos augurios que eleven a la autora a ese Olimpo, a ese cielo donde parece tener sus anclajes, para que,como en la canción de Rosana,“la eternidad venga seguro y tú y yo, el destino y el corazón, seremos uno”.

Por eso, Almudena recurre con insistencia al fluido más propicio para saltar de esa piedra al infinito: el AIRE en todas sus manifestaciones posibles.

De sus poemas entresaco: Viento indómito, levedad que lleva el aire, besar el aire, contengo mialiento, soy un soplo, el aire que respiro, acariciada por la brisa, me agarraré al viento, es ese vientootra vez, acunaba al viento, un frío aire ventea, cenizas ofrendadas al viento,  aire inspirado, eseaire ya no es aire,  aliento expirado… ¡pido perdón al viento!

Dieciséis maneras de recurrir al agente que va y viene,  que lleva y que trae, porque la poeta tiene su alma dividida entre lo de aquí y ahora, y una esencia que la llama desde las estrellas, desde lasnubes, desde el universo. Por eso recurre también con frecuencia al corazón, a los sueños, al silencio, al tiempo y al recuerdo.

Tres partes tiene este libro:

A veces tan dulce contiene poemas de serenidad, de reencuentro, de reflexión y esperanza.Almudena sabe que la piedra nunca abandonará su camino azul, pero ahora la poeta busca esa página para pasarla sin olvido, abre el dolor para cerrarlo sin que destruya.

A veces tan amargo es la radiografía de ese dolor(aprovecho la ocasión para agradecer a la autora que la haya encabezado con un verso mío como cita). Es un rosario de dolor donde la ausencia muerde despiadada. “No sé si existe el olvido” —dice la poeta. A través de ese “A veces tan amargo” compartimos, nos comparte, la vía dolorosa: el Cardo Máximus de sus sentimientos.

Allí donde te encuentres, es la tercera y última. “Allí donde te encuentres, es la puerta de entrada” —nos recuerda el poeta indio Kabiren la cita que la precede—, y al entrar encontramos pequeñas perlas, rimas como cantitos rodados a la orilla de un estanque de limpísimas aguas, pequeñas caricias.

Dice Mario BenedettiHe llegado a la conclusión de que si las cicatrices enseñan, las caricias también”.

Os dejo como muestra esta con la que cierro mis palabras.

IV

Si ves una flor corriendo hacia el olvido
no la detengas,
algún día encontrarás un valle de sueños florecido.


Antonia María Carrascal

Leave A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies