RESEÑA DE EVA MITOCONDRIAL de Reyes García-Doncel

Reyes García-Doncel se ha dedicado a la docencia durante muchos años. Es farmacéutica, catedrática de Biología-Geología en Secundaria y autora de numerosos libros de texto y guías didácticas para diferentes editoriales y niveles de enseñanza.  Enamorada de la naturaleza y la literatura, ambas querencias están presentes en su vida y en su obra. Es autora de varias novelas, la última publicada en 2018, Ulises con alma ajena, y ha participado en numerosas antologías poéticas y narrativas. Eva Mitocondrial es su primer poemario.

Ya de entrada nos llama la atención el título. En el mundo de la literatura científica  Eva mitocondrial correspondería a un antepasado femenino común que comparten todos los  seres humanos. En el prefacio, que cuenta con textos de varias poetas, se lee “sus óvulos trasmiten el ADN de las mitocondrias, una herencia exclusivamente femenina”, de esta  primera mujer, probablemente africana, que sería nuestra madre común, la madre de la humanidad.

El prefacio y luego el poemario rememoran oníricamente aquel paraíso de la humanidad prehistórica, la existencia precaria, milagrosa del día a día en un medio inclemente, y la evolución posterior, siempre desde una cosmovisión femenina. La remembranza de  voces tribales, elementos como la sangre y el fuego, el bosque, el nacimiento, la vida y la muerte recorren los versos.  Destaca a lo largo del poemario su personal su visión de la naturaleza, una naturaleza real, intuitiva, subterránea.

Lo femenino primigenio transita las páginas del libro. El  origen común femenino que compartimos. “El mundo es una mujer”, leemos en un verso.

Reyes García-Doncel conjuga con acierto un léxico de tinte lírico,  a veces prosaico, o hasta científico, este último, sobre todo, en Inventario de fiestas, donde utiliza vocablos y signos matemáticos.

El poemario, de métrica variada, va desde los versos breves hasta algún atisbo de prosa poética (Berenice) y de versículos; se balancea entre el ritmo rápido, ágil del poema Reglamento y la morosidad de los veros largos.

En algunos poemas la antítesis se construye entre el dolor, lo oscuro, y la luz, la vida como esperanza: El grito. Otras veces opone la descripción realista de lo cotidiano (Tras el café)  al discurso poético irracional y simbólico predominante.

Mediante la repetición de palabras y versos logra un ritmo sugerente que deviene en mantra: El canto de la huesera.

Temas recurrentes en el poemario son la sangre, el grito, los lobos, junto con frecuentes referencias literarias, pictóricas y mitológicas (Walt Whitman, Virginia Wolf, Clarissa Pinkola Estés, Van Gogh, Edvard Munch, Astarté, Ariadna, Aracne, Venus…).

El libro tiene tres partes nombradas con un verso. En la primera parte, ¿De qué perdida claridad venimos?, se  presenta una especial visión de la feminidad ante el amor y el deseo. Además,  la interpelación en el presente de la mujer que quisimos ser, o la mujer olvidada que habita como loba salvaje y libre en cada una de las mujeres. Una  imagen femenina, opuesta a la que el hombre ha construido a lo largo de los siglos.  En Ecos de Virginia Woolf leemos: “ni vientres para el barbecho de las semillas, ni animalillos, ni vulnerables”. Y amonesta en estos versos: “Vosotros, los del esperma, la testosterona/ y el poder/ os equivocáis”.

Nos ofrece también  versos en los que rememora la quietud, la serenidad, el regalo de la presencia materna: Madre tejedora.

En la segunda parte, Temblando con tu pájaro de sombra, canta  la fuerza del instinto amoroso, fuerza atávica e irresistible, “Bestia abisal” y en Tu boca es el arado. O  la sensualidad como rendición y el íntimo gozo de la cercanía en calma. El amor huidizo de Te llamo y el amor cansado de los años en Quisiera saber: “Porque quiero envejecer cosida a tus miserias”.   También el paso del tiempo en el bello y nostálgico poema: Atardezco.

En la tercera parte  nos sorprende el poema que le da nombre, La huesera,  un personaje mítico, creador de vida, capaz de erigir el ser íntimo femenino. Juntando huesos de lobos, la huesera revive e impulsa a la mujer que yace al fondo,  cuyos dones interiores la civilización ha querido someter: una suerte de loba atávica que espera un gesto de la naturaleza para resurgir.

La huesera y su canto ininteligible constituyen una llamada de lo salvaje, de lo primitivo y puro, de la libertad primigenia. De la feminidad subterránea y viva.

En la misma línea, encontramos un sugestivo poema, La vieja camina,  el canto mágico,  de una mujer sabia y eterna, creativa y libre, que parece tener todas las respuestas. Una invocación a la naturaleza, al bosque más denso y a la mítica loba perdida, como psicología femenina más profunda.

Finalmente, resalta en el poemario Eva Mitocondrial la reivindicación  de la feminidad ancestral que nos hermana. La esencia biológica femenina que viene de la primera mujer y llega en nosotros al presente y se proyecta al futuro. La pervivencia de lo femenino en los seres humanos. La madre primera que nos hace hermanos a todos.

Isabel Martín Salinas