Este es un extracto de la reseña que apareciera en el blog Libros que hay que leer.
Aquí os dejamos el enlace con toda ella:

http://librosquehayqueleer-laky.blogspot.com.es/2014/03/regreso-venecia-francisco-granado.html

«Impresiones

Esta novela tenía todos los ingredientes que hacían esperar que me gustase: un autor cuyo buen hacer ya conocía, una ciudad fascinante como escenario, un toque de intriga… Así que, con los ingredientes adecuados, una buena receta y el punto justo de cocción, me he relamido de gusto con una novela que me ha encantado.

Piazza San Marcos

Me voy a copiar a mí misma, citando aspectos que ya recogía en la reseña que hice de “La cabeza de Diana”. Comentaba entonces que “me ha sorprendido bastante encontrarme una novela tan bien construida, que se para tanto en los detalles, tan precisa pero, sobre todo, con un vocabulario tan extenso. Y es que el autor utiliza palabras, frases y expresiones escogidas, cultas, que se salen un poco de lo que solemos encontrar en este tipo de literatura (que muchos denominan de usar y tirar, denostando las obras de mero entretenimiento y que yo, sin embargo, defiendo pensando que no hay nada tan difícil como enganchar y mantener en vilo a un lector que ya ha visto y leído tanto en la vida…)”. Lo decía entonces y lo repito ahora aunque lo de la sorpresa ya no tenga mucha razón de ser pues, si algo recordaba de la anterior novela era, precisamente, la forma de escribir del autor. Aún así, sí que hay una cierta sorpresa: la de que el autor sepa conjugar tan bien entretenimiento, interés y exquisita forma de escribir.

Efectivamente, Francisco Granado no escribe de una forma corriente. Sin denostar a los best-sellers –que ya sabéis, por muchas de mis reseñas, que a mí me gustan pues tienen lo que suelo buscar cuando abro un libro-, Francisco demuestra que se puede entretener, que se puede escribir una novela de misterio o un thriller sin, por ello, olvidarse de la buena literatura. Su lenguaje es exquisito; a lo largo del libro aparecen frases y expresiones que no son de uso corriente y que no suelen aparecer en los libros que tengo la costumbre de leer. Posee un vocabulario extensísimo, muy culto y cultivado, así como la forma de juntar las palabras, hilando frases con un tono que llega hasta ser poético. Me congratulo en tener yo misma un vocabulario bastante extenso y entender, aunque no siempre utilizar, palabras y expresiones de uso no muy frecuente; no obstante, me ha maravillado encontrarlas aquí, en una novela de misterio. Y, lo que más me ha sorprendido es que “pegan”, que están tan bien utilizadas, tan bien engarzadas en la acción, en la historia, que lo único que hacen es aportar calidad al libro.

Ante todo, “Regreso a Venecia” es una novela de misterio y, como tal, contiene una muerte, una investigación, un secreto, giros y sorpresas. Además, sin yo esperármelo, contiene una historia familiar: el que muere es el patriarca de la familia Lucano, un hombre hecho a sí mismo que, con su trabajo, consiguió amasar una gran fortuna y convertirse en uno de los hombres más preeminentes de la bella Venecia. No se sabe si la muerte ha sido accidental –como parece- o alguien ha querido precipitar el final del gran hombre, pero lo cierto es que sus tres hijos están a la expectativa para ver qué botín pueden sacar. Junto a ellos, tendremos a Adrián, también un Lucano, pero no hijo del fallecido sino de una hermana desaparecida de éste.

Será Adrián, en primera persona, el que nos cuente los hechos: la investigación del presente así como hechos del pasado, de su vida y del clan Lucano. Ya he comentado en alguna reseña que, personalmente, me gustan mucho las historias contadas en primera persona por su protagonista. Cierto que, con ello, sólo vemos una perspectiva de la historia, pero también lo es que nos acerca mucho más al protagonista, hace que le conozcamos muy bien, lo que es, lo que piensa, lo que siente… Y cuando el narrador es un buen protagonista, ya tiene mucho ganado. Adrián lo es. Es un hombre joven, periodista, que tiene una triste infancia tras de sí. Vive en España pues huyó de Venecia en dos ocasiones: en la primera, para huir de sus primos Lucano, que le estaban haciendo la vida imposible; la segunda, tres años antes, pues fue junto a su entonces novia, la bellísima Rebecca, a visitar a la familia, y ésta le dejó plantado para iniciar una relación con el patriarca Lucano. No obstante, la muerte de éste le hace volver y es que, por encargo suyo, está escribiendo sus memorias y, desgraciadamente, necesita el empleo para vivir.

A Adrián es, obviamente, al que mejor conoceremos de los personajes que pueblan esta historia. De los demás no se hace un estudio tan exhaustivo de su personalidad como se hace de Adrián; no obstante, sí que se define bastante bien sus formas de ser para que nos hagamos una idea de su forma de ser y actuar.

Junto a la historia de intriga y a la historia familiar, el tercer componente de esta novela sería Venecia. La preciosísima, bella y decadente Venecia es un personaje más y no el menos importante. Tengo la suerte de haberla visitado hace muchos años pero os prometo que ha sido un auténtico placer pasearme por sus “calles”, subirme junto a Adrián a góndolas y barcas motoras, entrar en diferentes palazzos e iglesias, tomarme un café en el Florián de la plaza San Marcos (y eso que yo soy de té)… Y, por supuesto, me han entrado ganas de volver allí para conocerla más ampliamente, como Adrián. Hay muchas descripciones de Venecia, una ciudad como no hay otra en el mundo y se nota que el autor la conoce y la ama. Quizás la novela pudiera transcurrir en otro lugar del mundo pero, sin duda, no sería lo mismo…

Es curioso cómo el autor introduce en la historia descripciones, muchas veces bastante exhaustivas, de los lugares donde transcurre la historia, así como anécdotas, pensamientos y reflexiones… Y digo que es curioso porque no suele ser así en novelas donde la intriga y el ritmo suele ser lo más importante. Y es aún más curioso porque funciona. Y funciona bien. Es cierto que no es un libro de ritmo vertiginoso, de ésos “page-turner” que se te pegan a las manos y no puedes soltar. De ésos que a veces lees tan rápido que cuando llegas al final te quedan con cara de no haberte enterado de mucho, por haberlos devorado sin padalear. No es un libro de ésos, pero tampoco es un libro de ritmo lento; no, tiene el ritmo adecuado: lo justo para que el lector pueda deleitarse con la belleza de las palabras y descripciones del autor sin llegar a aburrirse. En definitiva, un libro entretenido, que se lee fácil, que quieres seguir leyendo para descubrir sus secretos pero, sin embargo, escrito con una calidad muy superior a la media.


Para que os hagáis una idea del estilo del autor:

“Comprendí que Rossi sufría el mal de la literatura”. Tal vez deseaba ser un detective cartesiano de esos que con dos pistas aparentemente inconexas descifran el código del crimen en las novelas. Para una mente como la de Rossi el delito era una calle prohibida a la que se puede llegar si el policía es espabilado y toma el atajo oportuno. Soñaba con aprender a leer ese callejero del corazón humano que le permitiera saber en qué tramo, a lo largo de qué acera, en qué puerta se encontraba el asesino, para anticiparse y cortarle el paso. Con afán casi catastral, Rossi hurgaba por las ventanas y puertas del deseo, leía los rótulos de los gestos, se detenía a valorar las perspectivas del espíritu. Soñaba con adivinar quién atravesó cuando no debía por la calle maldita para sentir la llamada del mal, reconocer su escondite. Y quién sabe si alguna vez, sólo una, anticiparse al criminal” (pag. 94)

“La piedra puede convertirse en blasones, columnas, mosaicos, arcos, ángeles. Su forma estancada ofrece duración, ya que no eternidad. Pero el agua no es capaz de permanecer quieta adoptando una forma, tal vez por eso la persigue como una amante incansable para besarla, para lamerla. La piedra, antes de caer desgastada, ha sido capaz de representarlo todo. El agua la envidia por ello, a pesar d esu poder. Y tomará venganza. Venecia lo sabe” (pag. 165)

“Quizás la atracción de Venecia está en esa sensación de tiempo detenido que se combina con la fascinación del cataclismo inminente. Hay un momento grandioso, un instante último en que la ciudad acabada se yergue aún ante el océano impetuoso que ansía apoderarse de ella.
Y uno siente que participa en ese acto de resistencia final, y acude como tantos otros al reclamo de ese adió que por sutil ironía se prolonga. Hasta el más ingrato visitante sucumbe a la estética del final heroico, como si escribiera con su presencia un verso más en el fastuoso poema de Venecia, en su espléndido naufragio” (pag 285)

¿No me digáis que no son párrafos de una delicadeza y belleza exquisita, nada habituales en novelas, ya no sólo de intriga, sino en la mayoría de novelas actuales? Como los tres que os he copiado más arriba, hay muchos otros desperdigados a lo largo de la novela, que gustarán a los lectores de paladar más exquisito. Pero, como digo, se combinan perfectamente con el diálogo, la intriga y el ritmo constante lo que hace que la novela, además de estar bellamente escrita, sea fácil de leer y entretenga en todo momento.

Conclusión final

“Regreso a Venecia” no es una novela de intriga al uso, pues la maestría de la pluma del lector, la eleva sobre la calidad media de las novelas de este género sin, por ello, perder su finalidad última: el entretener al lector. Con un protagonista que nos cae bien desde un principio el cual, en ocasiones, da el toque ligero y de fino humor irónico a la historia, con un escenario fascinante y, como toda novela del género que se precio, con ritmo e interés contantes, la novela conjuga una interesante historia en la que no faltan las sorpresas, el amor y los secretos y rivalidades familiares.

Muy recomendable