Os dejamos la nota que Pilar Alcalá preparó con motivo de la publicación de Árboles de esperanza, de Tomás Sánchez Rubio.
«Cuando un poeta escribe, se desnuda; cuando un poeta le pide a otro que escriba unas palabras sobre sus poemas, le está pidiendo que se desnude con él o que le dé algo para cubrirse; que comparta su soledad, esa misma que compartirán los lectores. Encantada, y asustada, acepté este reto y espero ser buena compañera de soledades y buen cobijo.
“Hay cosas –dijo María Zambrano- que no pueden decirse, y es cierto. Pero esto que no puede decirse es lo que se tiene que escribir”. Y es eso precisamente lo que ha hecho Tomás Sánchez en sus Árboles de esperanza: escribir de manera serena y elegante, con un lenguaje sencillo en el que inserta preciosas imágenes a modo de filigrana, esas cosas que no pueden ser dichas.
Tomás Sánchez en este poemario abre las puertas y ventanas de su cotidianeidad, presidida por el sentimiento amoroso, como vemos en “Y mañana será otro día”; nos muestra sus días y sus estaciones, nos regala su realidad para que la disfrutemos, nos presta la escalera de su lenguaje poético para que podamos subirnos a sus árboles de esperanza y desde ahí contemplemos su creación, su universo tejido con amor, porque es él quien conduce cada verso de este libro; el amor, como lo definió Dante, como la fuerza que todo domina: “El amor no sólo mueve a los hombres, sino también al sol y a las demás estrellas”. El Amor en todas sus dimensiones es el auténtico protagonista de este poemario: el amor vivido, presentido, soñado, el amor pasional, el deseo, el amor añorado y recordado, el revivido, el amor carnal, el amor como recreación que aparece en “Sorcière”, reivindicando a la mujer que a veces fue y es vista como pecado; y como en los mejores cuentos de hadas, el amor más allá de la muerte, el amor que todo lo vence de “Fairy Tales”. El amor como la salvación del mundo se nos muestra en el poema “Esperanzas”. Porque resulta que el amor se hace esperanza que nos libra de las pequeñas muertes de cada día, esa esperanza que aparece en el título del poemario. La muerte cotidiana se ve reflejada en el poema “Entre guerras”, composición pesimista poblada de lodo y cadáveres, un mundo donde se sigue derramando sangre y adorando al dinero. Como contraste, como antídoto, aparece “Resurrección”, unos versos donde el cariño hace milagros: aunque el poeta esté muerto por olvido de sí mismo, el amor lo resucitará. Y el ejemplo más contundente de poema pesimista pero esperanzador es precisamente el que lleva por título “Árbol de esperanzas”, donde la fe en un futuro mejor aparece personificada en la hija del poeta. Al igual que en “Mar de dudas”, se denota pesadumbre ante el mundo: todo es negro, ronco, sin sol; sin embargo, la esperanza con su poder inevitable borrará todas las dudas.
Los enamorados no tienen edad ni fronteras. En el poema “Latidos de realidad” comprendemos que ésta late en el único corazón de los enamorados, abierto en dos pulsos. La realidad lo rompe todo para que todo vuelva a nacer. Y para nuestro poeta el amor es una fuerza que mana ininterrumpida, es una concha envolvente tan ancha como el cielo, puesto que en el amor se aglutinan tantos sentimientos: rabia, dolor, impotencia, deseo, alegría, desesperación… Por eso comprendemos, leyendo los poemas de Tomás Sánchez, que no se puede dejar de padecer mal de amor, ya que el sufrimiento forma parte de la definición del amor, el amor es desbordante en el dar y en el recibir. Casi podemos decir que el amor es un drama, el único drama posible de la vida y por ello hay que vivirlo, porque es el más grande acto creador que podamos concedernos. De amor se puede vivir, morir, y sobre todo escribir; porque la Poesía sabe encerrar en un solo verso múltiples y contradictorios estados de ánimo; porque Tomás Sánchez sabe usar las palabras para escarbar en el fondo del alma; porque sabe acortar las distancias entre la mente y el corazón.
Si el amor es el protagonista absoluto de Árboles de esperanza, los espacios cotidianos y el tiempo son los escenarios en los que éste se cobija; tiempo que se concreta en una tarde de invierno, en el mes de abril, en una tarde del color de las naranjas, una mañana de lunes, en las tardes de sábado, en un domingo por la tarde, en una mañana fresca y clara, en una madrugada adversa, en diciembre con el frío, en aquel martes maravilloso, en el amanecer primero… Espacio que aparece en una plaza del centro, en un desvencijado parque, en el bordillo de las aceras, en la calle don Fadrique, en la sala de espera de un hospital, en estanques de nenúfares… Y este tiempo y este espacio se pueblan de cosas sencillas y cotidianas: el vestido de comunión, el chocolate caliente, la torta de aceite, la mesilla de noche, el brasero, la mesa de cocina, la ventana del cuarto de niño, un lavabo gastado, la panadería ecológica o el bazar de a euro, el puesto de castañas asadas, el anís y la mesa camilla, el radiador, los zapatos mojados, el mazapán y los polvorones… Porque una de las cosas que más impresionan de este poemario es precisamente la elevación a objeto poético de las cosas sencillas y humildes, y ahí reside la grandeza de su autor que con un lenguaje claro sabe crear poemas de elevado tono lírico. Como ejemplo el poema “Una vida”, resumida en los bolsillos descosidos de los vaqueros, y en el que queda patente que la vida más amada reside en los objetos cotidianos, en las costumbres, y cómo no, en la simplicidad de la ternura.
El amor como protagonista y junto a él el tiempo como fiel escudero, sobre todo el tiempo de la niñez y la adolescencia. Son numerosos los poemas en los que la infancia aflora en cada verso: “Mi luna”, “Espejo”, “Caricias”, en el que la nítida caricia del amor te hace volver a la niñez porque al fin y al cabo, las caricias acaban dando respuesta a todas las preguntas; “Ventana al mundo” en el que el caos interior abre una ventana a la vida donde todo está en orden, y el hombre que no deja de ser niño espera la llegada de ella; en “Campanas”, son las campanas de la infancia las que acompañan al poeta a todos los sitios y a todas horas ¿No será su propio corazón esa campana omnipresente?
Amor, tiempo y espacio que se resumen en una mañana de domingo por las aceras soleadas y la calle más ancha, junto al árbol de siempre en la ciudad con campanas del poeta; o bien en la figura de la amada: “Tu cuerpo, mi mundo”, último verso del breve poema “De noche y de vida” que podría resumir todo el poemario. La amada como sinónimo de vida, como salvación, como eternidad, como origen en “Otra vez” donde nos dice el poeta: “Quiero creer que no hay más vida más allá de ti / y de esas manos que me rehacen, cada hora, / a partir del barro humilde y vacío”. Del mismo modo que el poema “De nuevo” supone la epifanía que se produce en lugares concretos de la ciudad y se transforma toda ella en una mañana de domingo.
Árboles de esperanza inicia con dos poemas en los que es la amada, real y carnal, la que ilumina al poeta, la que será tangible, fruta y labios en “Tocarás la luz”, la amada que todo lo vence. Esa amada que es la música que rompe el invierno y llena el mundo de colores en “El pasado martes”, uno de los dos poemas en los que el erotismo se deja sentir sutilmente, el otro es “Acto de amor”, que cierra el poemario de manera elegante, recalcando una vez más la importancia del amor y de la amada. Pero no siempre todo es luz y abril se hace otoño y el azahar hiere, en una de las más bellas metáforas de este libro “las lágrimas se harán puñales de azahar”, y ello porque el poeta se considera un loco deshabitado. Un loco que en el poema “Mi luna” hace una bellísima y sencilla descripción de la tan recurrente luna; ella está en todo lo cotidiano: granizo, tiza, camisa, y tiene la cara de un niño, es la luna de Tomás Sánchez, que además tiene al espejo como amigo, como su otro yo idéntico, la irrealidad del poeta ante tanta fidelidad, la que le espera hasta el final; un poeta que nos dice en “Distancias” que quiere poner orden en su corazón, ¡cómo si eso fuera posible a los poetas! En “Hábitos” encontramos al autor asaltado por la nada y una vez más la salvación vendrá por el hecho de amar; el amor que todo lo multiplica y todo lo simplifica. Es por ello que la amada tiene el poder de hacer que el poeta se olvide de todo, ella se convierte en la razón de la existencia. Así lo expresa en el poema “Tu presencia”: el poeta tiene que disimular entre la gente porque él es especial gracias a ella que destaca en el universo. Si bien todo el poemario habita en un tiempo pasado, hay un poema titulado “Volveré” en el queda reflejado el deseo del poeta de volver, en el caso de que se hubiera marchado, para comprobar que todo sigue igual. En “Todas las noches del mundo” encontramos una imagen sobrecogedora: “y nuestros huesos, junto con las horas, / yacían esparcidos por el suelo”; la noche de pasión es tan sublime que llena el tiempo de todas las noches del mundo cuando los huesos de los amantes son como las horas de un reloj de arena y el amor se bebe en un cáliz de rosas; cuando da pudor amar tanto, cuando por fin se encuentran el equilibrio y la vida. Cuando todo está de más y la amada llena los espacios y los tiempos, y el amor es tan grande que logra resucitar los sueños como leemos en “Ganas de ti”, poema que al igual que “Estás”, refleja el deseo de abandonarse al amor. Amor que a veces es rememorado, como por ejemplo en “Domingo por la tarde”, lugar para el recuerdo de un amor que ahora es leve sol y yedra que todo lo cubre, y en esta tarde surgen los esperanzados árboles, los que traerán nueva existencia; la vida sin rubores que no cesa de “Cada mañana”; la vida como eterna y roja flor, como la pasión y el amor hasta la muerte de “Un camino de rosas”; la vida más sencilla, la vida que como el amor y la niñez, se desliza a nuestro lado como la más fiel compañera en “Vida”.
Los versos de Tomás Sánchez, en fin, serán provechosos porque nos dirán muchas cosas. Todos tras haberlos leído sabremos algo nuevo y podremos vivir de otro modo, con más claridad, con menos mentiras, con esa luz que es vida, la que ofrece realidades y no cosas imaginadas, la de “Luz en los cuerpos”, porque el autor quiere “vida o más vida” para alumbrar la madrugada. Y es luz para nuestras vidas lo que nos darán sus versos. Por tanto… ¡Dejémonos iluminar!
Pilar Alcalá»
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