Os dejamos la reseña que ha escrito Lara Peiró sobre Los Adioses, de Manuel Gracia-Dueñas, en la revista cultural Le Miau Noir. Para al ir original, pincha aquí.
“Los Adioses”, de Manuel Gracia-Dueñas
En la nueva horda de poesía milenial es muy fácil encontrar “poetas” y muy difícil encontrar poetas. Dicen que la poesía ha muerto. Eso es porque no conocen a Manuel Gracia-Dueñas y su primer libro Los Adioses. Ciento catorce páginas de lírica pura.
El lector se encontrará con un estilo maduro y muy formal que se asienta en una base de influencias claras. Así pues, el poema que da comienzo a la obra se entronca en una serie de motivos propios de la poesía de Miguel Hernández. La naturaleza, el cosmos, el destino y el azar conforman el poema “El viaje”:
“Sombra y latido”
“Sombra y latido” es la primera parte del poemario. La temática tratada aquí, y en general en el libro, es el adiós y las despedidas. En esta parte además se encuentran poemas sobre la infancia, el devenir, la vejez y la memoria. Por ejemplo, en el poema “Funerales” el autor habla de la despedida y la memoria: “donde la muerte se despliega/con todas sus promesas oponiendo/a la vida los caminos no andados;/renuncia como gritos,/y besos como heridas./Y los adioses.” Y de la niñez y el futuro prometedor el poeta dice:
“mendigando una cuna donde rendir la vida en la ilusión
de que el sepulcro aún está lejos,
de que todas las preguntas se responden con la palabra futuro […]”
“Las raíces”
La segunda parte recibe el nombre de “Las raíces”. De nuevo la memoria se vuelve musa de varios poemas pero también la soledad, la maduración personal y el origen. Se entiende a la tierra como vientre, a la lluvia que alimenta la tierra como sangre que alimenta un latido, y al fruto como el propio poeta. Tal y como se puede apreciar en el poema “La medida”:
“A veces en mis sueños rememoro tu vientre
(ah plenitud del mundo, ah soledad vencida)
donde a veces tu voz descendía hasta el fondo
transformándolo en luz, una luz infinita
que propagó sus ecos a mis huesos en ciernes
y, cuando el tiempo arranque la piel y los desnude,
allí estarán grabados sin vejez y sin tiempo.”
“Germinaciones”
La parte tercera, “Germinaciones” es una oda breve al amor y a los sentimientos que florecen: “no te amo por tu vida pero amo tu vida/con todos tus conjuntos y sus amaneceres/porque no significas nada más que tú misma/y con eso me basta./Será eso quererte.”

“La Partida”
Y cuando se acaba el amor llega la soledad. La ausencia de lo que se amo y no va volver. La despedida de todas aquellas personas que dieron sentido a la palabra felicidad. Todo ello es lo que describen los poemas de la cuarta parte del poemario: “La Partida”.
“En el vacío”
Cada despedida es un golpe fuerte. Una situación de ruina sentimental en la que Gracia-Dueñas vuelca todo el dolor en la poesía de la quinta parte del libro. Recuerdos plasmados en palabras tan certeras como hirientes. Un ejemplo es el poema “La casa vacía”:
“la casa está cerrada, olvido mío;
la pueblan nuestros muertos,
sus ruinas, sus fantasmas;
escúchalos rugir de hambre, de amor y de tiempo”
“Incendios”
Si antes se hablaba de ruinas, ahora se debe de nombrar las cenizas. Levantarse, aprender y seguir caminando. Todo pasa, todo queda. Porque toda persona guarda algo en su interior de aquellas que, ya desaparecidas, pasaron por su vida. En “incendios” encontramos el poema que da nombre al libro “Los adioses”.

“(El último adiós)”
El libro culmina con único poema bautizado como “La llamada”. Llamada de la naturaleza, el instinto paternal del que nunca se habla. Una continuación de línea sucesoria. Un hermoso poema, una llamada a su sangre futura que le canta lo que es vivir.
Manuel Gracia-Dueñas es la otra cara de una generación acotada por los caracteres de las redes sociales. Su voz es la experiencia de toda una vida de libros y demasiados adioses en su corta existencia. Abrazarlo, sin lugar a dudas, es abrazar a la poesía.

9788494568282
10€
Los adioses es el viaje del niño que se despeña del paraíso, que se busca en el tumulto de la adolescencia para emerger por fin transfigurado en hombre, un hombre que habrá de consumarse al engendrar nueva vida. Es ese viaje, contado a través de aquello que se quedó en el camino.»

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