Os dejamos la peculiar entrevista que Francisco Correal realizó a Arsenio Moreno con motivo de la `publicación de su novela Hijos de la espuma del mar. Aquí el original.
«LOS INVISIBLES. ARSENIO MORENO.

«El valor de aquellos hombres era increíble, como su inmoralidad»

Fue alcalde de la capital andaluza del Renacimiento y dirigió el museo del Barroco sevillano. Catedrático de Historia del Arte, viaja al Perú en su cuarta novela.

FRANCISCO CORREAL | ACTUALIZADO 26.09.2015 – 07:25

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Foto: José Ángel García
Durante siete años viajó a Perú y Ecuador a dar clases de Historia del Arte. Arsenio Moreno (Úbeda, 1953), ha vuelto a esos escenarios con su última novela. Fue alcalde de Úbeda y director del Museo de Bellas Artes.

-¿Cómo da con la historia de Alonso de Molina?

-Era de mi pueblo. Lo encontré en una crónica de Cieza de León. Gonzalo Fernández de Oviedo, Bernal Díaz del Castillo hacían crónica periodística y eran soldados. Escribían muy bien.

-Su personaje leía el Amadís de Gaula…

-Uno de los dos libros, junto al Quijote de Avellaneda, para entender el libro de Cervantes.

-¿Es un viaje equinoccial, como llamó Sender al de Lope de Aguirre?

-Y ellos también enloquecen. De Úbeda y Baeza fue muchísima gente. Fueron hasta mujeres que llegaron a virreinas y gobernadoras. Beatriz de la Cueva, esposa de Alvarado, organizó una expedición de solteras como la Caravana de mujeres de la película de Wellman. Cuando llegaron a Portobello se encontraron con un cúmulo de desdichas. El que no era cojo estaba tuerto.

-¿Cómo es su héroe?

-Un solitario al que manda Pizarro a contactar con los indios. Llega con un negro, un marrano atado a la pata y un gallo. Alto, pálido, andrajoso. Lo toman por un ser mitológico por el arcabuz, que trae el rayo; por el negro, al que intentan limpiar con estropajo. En los sueños de los indios los demonios siempre eran negros.

-La novela es un complemento ideal para los que sigan la serie de Carlos V, que recibe a Pizarro en Toledo…

-Las expediciones anteriores habían terminado en fracaso y fue a comunicarle la buena nueva. El periodo de Carlos V es la conquista, el de Felipe II la colonización.

-¿Cómo se llevan Pizarro y Almagro?

-Formaron una franquicia, una sociedad limitada con un tercero, el cura Luque, encargado de recabar fondos. Pizarro está en primera línea y Almagro se encarga de las provisiones y de los hombres. Morían de hambre, de fiebre. Había que reponer.

-¿Novela o historia?

-La novela es novela con una parte de ficción. En la realidad, Molina se queda y muere allí, pero yo lo hago volver al punto de partida para reflexionar sobre aquella época. El valor de aquellos hombres era increíble, como su inmoralidad. Conozco las dimensiones de ese territorio, zona de manglares, ciénagas, rápidos.

-Panamá era el cuartel general.

-La llamaban Castilla del Oro.

-¿El novelista ha eclipsado al político que fue alcalde y diputado autonómico?

-En la presentación en Úbeda estuvieron los cinco alcaldes que me sucedieron. Al llegar a laAlcaldía me di cuenta de lo dramática que había sido la historia de este país. En la primera legislatura la candidatura era de gente muy mayor que conoció la guerra y la cárcel; la nuestra, la segunda, era muy joven. En medio, no había nada. El vacío, el desierto. Una generación perdida.

-Usted llega a la Alcaldía en 1983, cuando Tierno Galván era alcalde de Madrid.

-Un día recibí una llamada suya a las ocho de la mañana. Me dijo que estaba haciendo un trabajo sobre Diego Hurtado de Mendoza y quería información de los archivos municipales. Se lo hacían absolutamente todo, tenía un equipo muy bueno con Juan Barranco. Tuvo el mérito de devolverle a la gente de Madrid el orgullo de sentirse madrileño. Antes era un signo como de nobleza decir que se era de otro sitio.

-¿Qué aprendió de diputado?

-Estábamos varios alcaldes. Teníamos una mayoría absoluta a la búlgara y era un poco tedioso.

-¿Qué exposición recuerda de su paso por el Bellas Artes?

-Sólo nos dio tiempo a hacer la de Valdés Leal. El museo estaba en obras. Vinieron a visitarlas los ministros de Cultura Semprún y Solé-Tura, que lo reinauguró.

-¿Es la segunda pinacoteca?

-Detrás del Prado, hay un grupo de museos de segunda división: los de Sevilla, Bilbao, Valencia y la Academia de San Fernando. El de Bilbao tiene unas colecciones magníficas. El Guggenheim no tiene colección propia, no tiene nada, es un museo-espectáculo como la casa Dalí de Figueras, por cada visitante que tiene el Bellas Artes de Bilbao, el Guggenheim recibe treinta. La Macarena tiene más visitas que el Bellas Artes de Sevilla.

-¿Por qué en Úbeda hay tantos novelistas como futbolistas en Coria o pintores en Ayamonte?

-Además de Muñoz Molina, que estuvo en mi instituto, o Salvador Compán, que era del curso de Sabina y vecino mío en un barrio de médicos, están Jesús Maeso de la Torre, Miguel Pasquau o José María López García, que es de Ávila, su padre era guardia civil y lo destinaron a Úbeda. Ahora hay una generación de sobrinos interesante. Músicos, publicistas…

-¿Vivió el cambio de Sevilla?

-Mi padre tenía aquí oficina. Pasó de capital de provincia, ciudad provinciana, a capital de Andalucía que se preparaba para la Expo. Fui comisario de la exposición El Paisaje Mediterráneo.

-¿Qué le pareció La Misión, con Robert de Niro y Jeremy Irons?

-Está bastante bien. El tono épico no es excesivo. Le sobra la música de Morricone. Los jesuitas compensaron los excesos de los encomenderos.

-¿Su obras completas como alcalde?

-Llegamos a pavimentar 170 calles con su alcantarillado.

-¿Cuál es el oro de Úbeda?

-Úbeda y Baeza figuraban entre las diez ciudades más pobladas de España. Después se quedaron fuera de las rutas de los viajeros del Romanticismo. De los más de 800 libros de viajes sobre Andalucía, sólo están en tres o cuatro.

-¿El rigor del historiador se siente cómodo con la ficción?

-Salvo excepciones como Bomarzo, de Mújica Laínez, o Alejo Carpentier, no leo novela histórica. Ves cada anacronismo, cada disparate. Escribí una sobre la Roldana que llevó al teatro La Tarasca. Alguien escribió otro libro sobre esta mujer. No digo el autor, la autora, pero la manda a San Petersburgo de espía.

-¿Qué contrapone a la realidad de Alonso de Molina?

-El personaje de don Lope. Más que alumbrado, un erasmista. En Úbeda hubo una limpia de la población judía. Barrios enteros. Los canónigos se quejan de que los habían dejado sin feligreses.»