Os dejamos la entrevista a Amaya Zulueta aparecida hoy en Diario de Cádiz con motivo de la presentación de su poemario Memoria de las sombras en la fundación Carlos Edmundo de Ory. Si quieres acceder al original, pincha aquí.
«Amaya Zulueta presenta esta tarde ‘Memoria de las sombras’
El autor estará acompañado durante la cita en la Fundación Carlos Edmundo de Ory por el escritor Enrique Montiel
PILAR VERA CÁDIZ | ACTUALIZADO 05.07.2016 – 05:00
La vida como una secuencia de imprimaciones e imágenes borrosas a las que tenemos que ir dando corporeidad. «No quiero identificar eso con nada platónico pero realmente, lo que fundamenta nuestra personalidad es el pasado, es un asalto a esas sombras». Para el escritor Manuel Amaya Zulueta, eso es lo que intenta Memoria de las sombras, el poemario publicado por Ediciones en Huida que presenta esta tarde en la Fundación Carlos Edmundo de Ory, acompañado por el escritor Enrique Montiel.
Un ejercicio de «atraer hacia la luz» lo difuso que se hunde en el tiempo, pues los poemas presentes surgen del vasto archivo que el poeta guarda en el ordenador -en una carpeta llamadaAnteproyecto– y se ordenan según varías líneas: la temática principal es «la temática eterna de la poesía, el amor, entendido tanto de manera genérica como en amor a la pareja, así como de la contrapartida, el amor perdido, el desamor».
En Memoria de las sombras, además, cobran un gran peso la naturaleza y el concepto de casa como refugio: «He llevado mucho tiempo una vida de anacoreta -comenta Amaya Zulueta-, en la que he estado muy pendiente de un jardín que tenía, de un mundo florar y vegetal que ya se ha roto.
Un poemario que Juan José Téllez describe como «místico»: «Hay una mística de tipo panteísta, en torno al concepto de si todo es dios o de que en todo está dios, que se aproxima bastante al dios que aparece en uno de mis poetas clave, Juan Ramón Jiménez, en los últimos años -explica el autor-. Y también, por supuesto, José Ángel Valente, que aparece en todo lo que escribo porque para mí es el poeta inefable, el gran poeta de la segunda mitad del XX. Esa mística es una cosa que hasta cierto punto puede relacionarse con situaciones propias de filosofía de Zubiri, de un fundamento al que nos sentimos atados inevitablemente, anterior a cualquier forma religiosa. Ya hablaba de eso, por ejemplo, El dios en el espejo: puede ser una persona que se asoma al espejo por la mañana al afeitarse, o en el dios que aparece como una sombra detrás».
La persecución del misterio es, al fin y al cabo, lo que da origen a ese misticismo, un misterio relacionado siempre en estos poemas con la naturaleza y con la luz: «Mi amigo Enrique Montiel se enfadará conmigo, pero yo creo que la poesía es la quintaesencia de la literatura, y después está lo demás -continúa Amaya Zulueta-. La poesía ayuda a penetrar en ese mundo invisible, ese claro en el bosque inefable que necesita que alguien lo desvele. Pienso que la realidad está velada al ojo humano y es el individuo el que está destinado a esa función mística, mágica y poética de quitar el velo. El ojo del poeta desvela la realidad, se acerca a la transcendencia porque es lo más sublime que el ser humano utiliza. El siguiente paso ya sería la mística pura, a la altura de la oración. Por eso uno de los símbolos que más aparece en mi poesía es el ala, al estilo de Mallarmé, con una simbología de la elevación hacia un algo hacia lo que el hombre aspira».»

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