Os dejamos la nota que Toño Jerez preparó con motivo de la publicación de La sed del agua, de Emilio Picón.
«Prólogo
Se desviste de urgencia en este libro: olvida la crisis, las cifras de la cuenta bancaria, las encuestas que hablan mal del gobierno, para llevarnos a ninguna parte, allá donde sólo el amor. Escribe por instinto, por azar, y siguiendo la mirada de su memoria, desdobla los matices, el color, hilvana los acordes con ternura; tan sólo busca el suave alojamiento que anida más allá del propio poema. Encuentra la vereda en la mar y desmonta los tejados del dolor; propone giralunas al silencio y maldice la escarcha que deja la ausencia sobre las palabras.
Emilio reclama las horas extraviadas, el tiempo de alquiler, los calendarios, las estaciones, los relojes muertos en los bolsillos de cualquier peatón. Exige que las prisas le permitan despertar en el cielo de cualquier boca amable, que sacien los cobardes la sed de la lluvia.
Ustedes quizás no lo entiendan, quizás no tengan la necesidad de observar la lluvia. Mucho menos entenderán que a veces busque la ausencia de nubes, que no es otra cosa que la sequía de los perdedores. Si ustedes estuvieran doctorados en gruesas tormentas de octubre, en interminables aguaceros de abril, sabrían que el amor es así: extrañamente cercano, cercano y cálido, cálido y distante, como la leve incandescencia que a veces nos viste de poesía. Luego, cuando concluye, se podría dudar de la humedad del aire, de la piel mojada, de los vehículos goteando sobre el asfalto, del sabor a óxido dulce del hierro. Se podría incluso dudar que la ausencia es también una forma de amar.
Se aleja Emilio de las tendencias actuales, de las poses que algunos elevan pretendiendo hacer un absurdo elitismo de algo tan humilde y humano como la poesía. Se aleja, les decía, y hace suyo aquel poema que firmó Pessoa, un mes antes de su muerte: «Todas las cartas de amor son ridículas.» Y sigue afirmando el lisboeta: “Quien verdaderamente ama no escribe cartas que parecen requerimientos notariales.”
El libro que nos ocupa comienza con una afirmación imposible: La sed del agua. La necesidad del amor de completar el círculo, para nutrirse, necesita también amarse. Todo ello desde una tristeza vital irrenunciable. El amor y sus aristas, el vértigo de la carne y el suelo de la ausencia.
Sea pues, querido lector, como afirma el poeta que nos ocupa: La sed del agua.
Toño Jerez
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