Os dejamos la nota que Jesús Soria Caro preparó con motivo de la publicación de Historia transida y poesía renovada, de Marta Domínguez Alonso.
«HISTORIA TRANSIDA Y POESÍA RENOVADA: ¿Es la aldea global una cementerio-económico de millones de muertos? Jesús Soria Caro
Hay en HISTORIA TRANSIDA una mirada de un “yo lírico” transido de una auto-auscultación de su verdadero “yo” que parece despertar del sueño de la Historia adquiriendo una conciencia de su verdad ontológica como ser que se está reconociendo en su auténtica identidad de muerto en vida. Ese despertar dentro de una pesadilla real adquiere resabios de la obra de Dámaso Alonso, de toda esta angustia existencial que recubre la epidermis introspectiva del yo. Este ofrecía un retrato del ser humano como alguien que se miraba en el espejo externo de la verdad catastrófica de la guerra y de la miseria social que asolaban España y Europa y que adquiría esa conciencia de no vivir, de habitar en una muerte moral, así encontrábamos ese yo poemático que en el texto Insomnio anunciaba que “Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres”. La razón de este insomnio estaba producida por la angustia existencial ante la barbarie, la que no le permitía descansar al sujeto poético, ni tener un equilibrio psicológico y moral entre lo interno y lo externo de su ser. El sujeto del texto lírico sufría con el sonido estrepitoso del viento, de ese huracán que anunciaba la destrucción, el caos, pero también la voz doliente de los oprimidos. Se escuchaban los ladridos de los perros, retrato simbólico animalizador del poder, de quienes ejercían, pero también siguen haciéndolo, decisiones políticas que agreden a una “presa”; al más débil socialmente, lo que provocará que ese “yo” insomne se lamente afirmando: “y paso largas horas oyendo gemir al huracán,/o ladrar perros,/o fluir blandamente la luz de la luna”.
Esa misma visión de un orden social en decadencia es una idea recurrente de todo el poemario, es casi un eje isotópico central; es la idea de la dominación, de la mirada que permite ver reflejado en el espejo de la Historia el rostro de cadáver de la sociedad actual, como así leemos en el verso: “Y comprendí que el mundo era un cadáver”, imagen que aparece en un poema como “Las ruinas del Parnaso”, donde yacen ese yo poético y su alter ego, que es un compañero sentimental, ambos despertando en un mundo de muertos, en el que han estado durmiendo con un “pijama” del que versos más abajo sabremos que era “de mortaja”. Es un texto de valor político de denuncia que contrapone el modelo democrático de ideal social de la Grecia clásica con la degeneración contemporánea de dicho modelo de orden comunitario- ya que en el mundo global del desarrollo, de la manipulación de los medios y a través de estos del control e influencia en las ideas- somos muertos de información que no podemos vivir lo real: “Me desperté una noche blanca y ciega/Y tenía un sudario por pijama,/Mire a mi compañero,/yacente a mi lado, él,/Y también descansaba en su mortaja.”.
Ese sujeto lírico es alguien que propone asumir una conciencia colectiva, que vislumbra el desgarramiento social, que proyecta su ego hacia un orden social, que sufre porque parte de su ethos como “yo” muere interiormente, se encuentra en el vacío no solo existencial sino social. Ha asumido la perspectiva de que la Historia es un proceso que nos ha conducido a no poder vivir el verdadero “yo”, ese que buscarán los surrealistas, un yo libre, ajeno a la conciencia, a las construcciones del poder que rigen y determinan su comportamiento. Las imágenes irracionales, oníricas, recorren el poemario de la poeta Marta Domínguez, gesto que como en los surrealistas franceses responde a un ataque subversivo al lenguaje, a las leyes racionales en las que se sustenta y que se vinculan a una lectura social y moral de la vida impuesta por el poder y a la que hay que atacar; como en el surrealismo la destrucción de la realidad comienza por la desarticulación lógica del lenguaje y de sus leyes lógicas. Así encontramos (un ejemplo entre muchos otros) un pasaje onírico el poema” L’ANGOISSE DU PIGEON BLEU: “Entró con la paloma un trozo de la muerte,//colgaba de su pico/como quien pende de un sueño fútil/y lastimero./-flotando en el vacío”. Recuerda otro de los poemas titulado “OBLICUIDAD DEL RAYO DE LUNA” el gusto surrealista de algunos creadores como Buñuel o Dalí por los insectos, por la entomología, pero que en este caso también incorpora el gusto por un ser extraño, agresivo que es la araña, asume por lo tanto un metaforización que aúna la aracnología y el interés daliniano por los insectos para retratar la falta de identidad propia basada en un lectura diferenciada, libre, autónoma frente a lo impuesto. El ser, cadáver identitario que carece de voz, ha pasado a ser como en un coro griego un personaje con un guión vital escrito, es su deber cumplir el mensaje que para él se ha dictado, es un insecto atrapado por lo establecido, incapaz de cortar esas redes que son su prisión, es un presa de la araña social que lo atrapa, como así leemos en el poema anteriormente mencionado: “y caemos presos como insectos-.”.
Esta imagen del yo que asume las directrices de un corifeo y que es incapaz de romper el orden subsumido al poder que es el agente de su negación, el causante de su muerte social, mantiene referencias intertextuales con el film de Sidney Pollack en el poema de título homónimo al film “Danzad, danzad, malditos”, en este nuevamente encontramos la imagen cadavérica: “Me asomo al cementerio de mis días: ha muerto el ser humano.” Esta es una película que adquiría una lectura metafórica sobre la alineación de la condición humana en su narración de un maratón claustrofóbico de baile que fue organizado en Estados Unidos durante la Gran Depresión, lo que ofrece un nuevo paralelismo con la crisis económica y moral actual en el poema presentado. Pesimista y claustrofóbica mirada que, sirve como referente para que Marta Domínguez aborde la opresión alienante a la que se somete al ser humano en cualquier período de dificultad general y de inestabilidad social.
Hay también un juego intertextual, que sin bien antes anunciábamos que se producía en conexión con el cine, también se efectúa en relación con la pintura, lo encontramos en uno de los poemas donde está presente la imagen de la cruz, que es un símbolo que también aparece en el pintor aragonés Miguel Ángel Domínguez, y que es un símbolo que en su obra subvierte su valor convencional religioso para apropiarse de una cosmovisión propia, inherente a la relectura pictórica del universo personal del pintor, que refleja la oscuridad de una religión de la Verdad impuesta a lo largo de la historia de nuestro país y de la historia de la humanidad, es por lo tanto la crucifixión no del hijo de Dios sino de la libertad, de la falta de ser y de elegir algo que disienta con la verdad socio-moral impuesta durante una de las etapas más oscuras de nuestra historia; el franquismo y en los años posteriores a su final en los que todavía se sentía su influencia sobre la sociedad. Lo que ha pasado a conformar una simbología subversiva que de forma analógica va a ser trasladado por la poetisa Marta Domínguez al mundo actual, a su religión de la verdad que es la información, los juegos de la verdad que esta construye, manipula, reflejando la falta de un escenario social y cultural para que el “yo” pueda ser alguien que camine por el futuro hacia la libertad, hacia la capacidad de pensar, y de vivir de acuerdo a su propia voz.
Interesa que la poesía remueva conciencias, que nos despierte de la muerte social, es lo que encontramos en HISTORIA TRANSIDA Y POESÍA RENOVADA, un anuncio de que el cuerpo de la Historia está enfermando de verdad, de información, que yace como un muerto en vida; anunciando que es necesario que cada yo rompa con su máscara como sujeto con mirada de amaneceres cuando realmente está oculto un rostro que carece de ojos, de mirada, que observa con ojos-estrellas desde el cementerio de sí mismas aquello que es un espectáculo ajeno a sus deseos.»
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