Os dejamos la nota que Rosario Troncoso preparó con motivo de la publicación de Grietas vitales, de Francisco Raposo.
«Asistir al nacimiento del poeta
No siempre se tiene el privilegio (y la suerte), de ver nacer a un poeta. Observar, desde primera fila, cómo crece y evoluciona. Sentir, que en parte, una es responsable del camino que él ha elegido, y un poco culpable de ese amor a la poesía, que siempre hiere, que siempre duele, aunque ahora sea momento de eclosionar, de florecer.
Yo sí soy una privilegiada, porque estoy muy presente en la vida y en la trayectoria de Francisco Raposo. Mi voluntad es estarlo mucho tiempo, tanto, como él decida.
Me atrevo a afirmar que veo mucho de mí en él, no solo en muchos versos que beben directamente de conversaciones, consejos, poemas, vivencias. Sino en todo lo que tiene por delante, lo bueno, y lo malo.
Asusta un poco que Francisco esté al principio del camino, y que yo conozca bien dónde están cada uno de los obstáculos. Asusta, porque ha de tropezar, caer, y volver a estar en pie sin ayuda de nadie. Sin mi ayuda, también. Puedo advertirle, tomar su mano y guiar sus pasos, un poco, si me deja. Pero nada más.
Pero no quiero que el miedo me paralice, pues mi deseo es disfrutar plenamente de este debut poético de aquel alumno de tercero de ESO, que marcó mi primera etapa como docente.
Es mi amigo. Es mi mano derecho en muchos proyectos de los que ya no puedo hablar como míos, porque son nuestros. Y es de la familia. De ahí la gran emoción, e ilusión, que siento al verlo ahora, dispuesto a hacerse un merecido lugar en el panorama literario actual. Son sus letras jóvenes, aún, pero sí que rezuman carisma, y un personalísimo estilo.
No podría encajar Francisco Raposo en ninguna corriente actual en mi opinión, pues las etiquetas clasifican, y también limitan.
Él es libre, aunque no lo sepa aún. Pero su poética delata a un autor que dará mucho que hablar en tiempos venideros.
Versificación corta. Imágenes contundentes. Fogonazos de luz. Así es la poesía de Francisco Raposo, el poeta, el periodista en ciernes, inquieto, curioso, ávido de saber, de estar, de vivir, cuya sensibilidad, a pesar de la fingida dureza que pretende mostrar, de la carcasa aparente, sobresale y se impone. Y no le perjudica. Al contrario. La realidad le duele, y él es capaz de mimetizarse con ese dolor, moldearlo entre las manos y transformarlo en otra cosa.
Quizás su proceso creativo sí responde a los mismos parámetros que caracterizan a los poetas más jóvenes: impulso, desasosiego, sed. Seguramente sí, porque está en la misma línea temporal, criado en la misma atmósfera.
Aunque él sobresale, precisamente por no ser otro impostor más, posando con filtros de antipática nebulosa en Instagram. En su poesía se muestra tal como es. Y eso, a lo mejor, puede ser un problema. O no. Solo, con el paso de los años, veremos si ese valor que lo hace único, como es su autenticidad lo convierten en un poeta que recién llega para quedarse, para eternizarse.
Así sea. Así lo deseo yo, no solo porque por mi enorme cariño y admiración hacia él, sino porque también y veámoslo ahora como un gesto egoísta por mi parte, no me importa, servidora recuperaría la fe en el mercado editorial, en aquella poesía que sí hace temblar los cimientos.
Si le falta experiencia. Si le queda aún mucho que pulir, eso es seguro. Pero es el tiempo, el bagaje, las lecturas, y también el llanto (es así), los encargados de sacar el brillo a las piedras preciosas que sí están destinadas a deslumbrar.
Francisco Raposo es una de ellas. Lo es. Y yo apuesto por él, como aposté por él allá en el año 2007, cuando llegué al IES Pintor Juan Lara, y se sentaba en segunda fila, en la hilera de pupitres central, junto a su compañera, la no menos brillante, Adriana Tejero, promesa de las Artes Plásticas.
Era un muchacho despierto, simpático, con un tesón que impresionaba, y que aún hoy, cuando ya no soy su profesora, y las distancias se acortan, me sigue impresionando.
Como me impresiona este libro, “Grietas Vitales”, escrito con el alma, el corazón, desde los tuétanos. Aquí uno los poemas que más me sobrecogen:
Grietas vitales
Regresé sin brazos y sin piernas,
con los ojos opacos
dejándome la ropa y las ganas,
y la sed se volvió añoranza.
Una grieta lo abarca todo
donde las rocas soportaban la marea.
Sus grietas son las de todos. El mundo se rompe, día a día. Y solo unos cuantos asistimos a ello con ojos distintos y aterrados. Francisco Raposo nos recuerda que las grietas vitales son compartidas por todos, y en ella caben los temas universales de la poesía, que atraviesan sus palabras, y su existencia por completo.
Es que no todo el mundo tiene el privilegio de asistir al nacimiento de un poeta. Espero estar también en su consagración. Mi cariño ya lo tiene. Y la entrega, el apoyo, la confianza.
Francisco Raposo nunca me ha fallado. Y es una persona infalible, en todos los aspectos que se plantea en la vida, seguro de sí mismo, a pesar de no ser muy consciente de ello. Pisa fuerte. Y tiene el viento a favor. Con razón, Madrid, tiene más luz, y desde que él llegó, se respira a veces la brisa que él lleva directamente del sur.
Toda la suerte, aunque no la va a necesitar, para su trayectoria poética, para este libro, para todos y cada uno de sus versos, que laten con fuerza, que viven con intensidad.
A su profe, a su amiga, a esta poeta de provincias que sigue luchando duro, como el corredor de fondo, por y para la literatura, la tendrá de forma incondicional.
Rosario Troncoso»
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