Os dejamos la nota que Ana Martín Puigpelat preparó con motivo de la publicación de Manual de uso para mudanzas, de Julio Béjar.

«CAMBIAR LA PIEL Y LA MIRADA

Que nadie se equivoque: hacer una mudanza no sólo supone mover las cosas de sitio. En todo traslado se pierde algo y, aunque la pérdida forma parte de la vida y fundamentalmente del cuerpo (dientes, pelo, plumas o paraguas), nunca se acostumbra una a renunciar a absurdos bibelots o cachivaches que te han ido acompañando en el camino. Existe una ley de selección natural también para los objetos y, sobre todo, para los papeles. Conservas durante décadas las cartas de un antiguo amor o de una amiga de adolescencia, que es casi lo mismo, y un buen día al hacer una mudanza, entre caja y caja, paras y coges al azar una de ellas… y aunque quieres reconocer la letra, parece que te quiere sonar de lo que habla… descubres que aquello forma parte de una historia que a día de hoy nunca fue tuya, es decir, el tiempo es quien mejor hace la muda de y con nosotros. Empaquetar, rellenar cajas, organizar cualquier tipo de movimiento implican deshacernos de recuerdos que hasta ese momento no parecían molestarnos.

Eso sí, también en toda mudanza aparecen cosas que llevaban perdidas kilómetros en nuestra memoria. Al fondo de un cajón, entre las páginas de un libro, dentro de la cacerola grande que nunca usamos… Recoger los objetos que se han ido acumulando al cabo de los días, fósiles de momentos incontables, es una especie de viaje a lo que pudo haber sido y no fue. Nos subimos en una montaña rusa que lo mismo asciende por la ternura para luego caer en picado por la tristeza de la ausencia, que pasea por el valle de la vergüenza propia para acabar de convertirse en ajena.

En resumen, una mudanza es tal inventario de fracasos que no queda más remedio que repetirla si no queremos que el tiempo se convierta en ácaro destructor de nuestros tesoros. Porque el mayor fracaso es basar una vida en los objetos que la decoran, ridículos paisajes artificiales conformando la historia de la vida cotidiana.

Mudar también es cambiar de piel o de mirada o el significado de madurar.

De todo esto y de tropiezos del corazón encontrarás, lector, entre las páginas de este libro.

Este poemario es como una fina ironía del difícil camino hacia la madurez, esa etapa iniciática en la que aún no se sabe bien qué es eso del ardor de estómago. Sorprende que el poeta Julio Béjar, que está en ese momento concreto de la vida, pueda mostrárnosla tan diáfana y tocarnos el ángulo del corazón que proporciona la suavidad en la comisura. Labios, ojos a merced de sus versos. Sorprende el espejo que nos pone delante cuando no hay distancia ni perspectiva.

Manual de uso para mudanzas es un libro honesto, en todo lo que este término supone, con la realidad del propio poeta, que no deja de ser la realidad de un joven europeo del siglo XXI, un poeta en tiempos de crisis, un paseante cosmopolita con los ojos llenos de esa luz inmensa que le recibió en su Almería natal, un artista comprometido con las huellas de sus pies y sus zapatos, un hombre enamorado, el amante, el seductor, el seducido, el enamorado…

Los poemas están agrupados en tres partes bajo epígrafes tan precisos que nadie puede llamarse a engaño. Si el libro es un manual, lógico que nos advierta de peligros o averías y nos ofrezca una mínima garantía. Por lo tanto, además encontraremos, sueños, dolor, pérdida de inocencia, pasión, esperanza, aquello que suele ocurrir cuando nos enfrentamos a lo nuevo.

Poemas limpios, a veces dispuestos a caja, a veces con aire entre los versos, a veces muy breves. Pero perfectamente cerrados, redondos, algunos afilados, otros suaves, con un ligero tono de tristeza, un buqué erótico, una sombra de luz. Aderezados con reflejos del mundo que habitan tanto los versos, como el poeta y todos a los que nos toca vivir este tiempo. Eso sí, poemas no exentos del alto grado de cultura que Béjar atesora, y no por ello pretenciosos ni pedantes, con títulos evocadores e ingeniosos. No es fácil titular porque no es fácil ponerle nombre a algo que antes no existía.

El poeta, un ciudadano del hoy y del ahora con una gran sensibilidad para mostrarnos la herida que provoca la madurez en este momento de incertidumbre y desamparo social y económica que nos rodea.

Este Manual también es una guía de viaje, y no sólo porque hable de calles o lugares concretos de diferentes ciudades (en los títulos hay constantes alusiones a términos referentes a), sino porque nos lleva por el recorrido del autoconocimiento en ese cambio de piel que supone crecer. Esta mudanza no es sólo un cambio de casa, sino que tiene más que ver con la definición de aquel latino mutare, o como dice, entre otras cosas, la RAE: “dar o tomar otro ser o naturaleza, otro estado, forma, lugar, etc” (…) “dejar algo que antes se tenía, y tomar en su lugar otra cosa”.

Un primer libro adulto, prometedor. Una voz nueva y equilibrada que nos ofrece razones para seguir creyendo que la poesía es lo único que puede salvarnos de todo este desorden, de toda la sustancia amarga que supone avanzar sin horizonte preciso.

Un primer libro que nos brinda una poesía directa y hermosa y augura futuros poemas de vida, como un álbum de retratos de cualquiera de nosotros, habitantes de la irrealidad necesitados de poetas como Julio Béjar para enfrentarnos a lo que fuimos… será siempre lo que somos.

Ana Martín Puigpelat»