Os dejamos la entrevista que Blanca Carvajal Ayala ha realizado a nuestro autor Álvaro Romero Bernal, con motivo de la publicación de su novela Pulpa de Limón, en la revista Vísperas. Si quieres ir al original, pincha aquí.
«Álvaro Romero Bernal: “Me gusta el amor a la palabra precisa”.
Texto: Blanca Carvajal Ayala
Fotografía: Iván Melgarejo
Hace unos días entrevistamos a Álvaro Romero (Los Palacios, 1979), a propósito de la publicación de su primera novela, Pulpa de limón (Ediciones en Huída, 2015). Álvaro es licenciado y doctor en Periodismo por la Universidad de Sevilla y profesor de Lengua castellana y Literatura. Ha publicado diversos estudios y es columnista en El Correo de Andalucía y otros medios.
Hay en tu novela mucha nostalgia verdadera Álvaro, ¿Cuánto hay de cierto?
La nostalgia es cierta; la casa de la que hablo por ejemplo es muy parecida a la casa de mi abuela Modesta, aunque no es exactamente la misma. Sí es cierto que está basada en recuerdos de mi niñez, en muchos casos prostituídos, quiero decir, que muchos son recuerdos de recuerdos. En realidad podría ser la casa de cualquiera de nuestras abuelas, me han escrito lectores desde Huelva, Granada o Málaga que se sienten identificados con esos recuerdos. Ese es el poder de la literatura; he huído de un relato localista buscando precisamente esa universalización del sur, la portada de la novela, de la que estoy muy orgulloso, plasma muy bien esa idea. Se habla en la novela del sur, pero podría ser cualquier pueblo andaluz. Lo cierto es que esa nostalgia que dices es algo que necesito para escribir, para darle verosimilitud; los espacios sobre los que escribo son verdaderos, necesito agarrarme a una realidad, no por afán de realismo sino por afán de verdad; pero nada más, solo tomo el espacio. Me interesa el ser humano, como puede verse en la novela. En la coordenada espacio-tiempo, yo tengo que basarme en ese espacio verdadero, una vez que tengo ese espacio que controlo, puedo construir ficción, contar una historia. Crear ese espacio de la nada no me inspiraría y sería doble esfuerzo para mí, habiendo tantos espacios reales, prefiero caminar por mi memoria. Te estoy contando la mecánica de la novela, mi forma de urdir el libro.
Podemos decir que todos los protagonistas de la novela sufren de esa dolencia tan del hombre contemporáneo, la soledad.
La soledad es la verdadera protagonista de la novela, los personajes la sufren pero será el motor para que reaccionen en busca de una cura. Si no padecieran de esa dolencia que dices, tal vez no se moverían. No hablo ya del limonero, sino de algo más hondo. La soledad es la pulpa, lo más profundo; los personajes parten de ella, como semillas y cambian volviendo a ese origen, a esa simiente mullida y ácida, ese viaje, el recorrido que hacen es la trama. Es un simbolismo de la vida misma: nacemos, sin saber muchas veces lo deseados o no que hemos sido, me atrae mucho ese sinsentido, ese nihilismo de la vida. Una vez aquí, no nos queda otra que caminar, es un problema existencial, ese abandono, porque en cierta manera estamos solos en el mundo. En el libro hay personajes que sufren esa dolencia que tú dices y no hacen nada para combatirla, como Marino, un personaje que puede llegar a irritar por su pasividad, pero incluso él tiene cura. Hay otros que sí evolucionan y se revelan contra su propio destino, hay monólogos que nos muestran esa lucha del interior.
Consigues retratar a grandes mujeres en la novela y hay un transfondo muy duro, como la violencia doméstica por ejemplo.
Sí, yo creo que las mujeres son las verdaderas protagonistas, me interesan más que los hombres, son personajes más ricos y son las que portan la fuerza matriz de la novela. Son mujeres reales y muchas veces machacadas por la vida, pero en la trama se entrelazan sus historias y cosiguen revelarse. Hay cierto mensaje insconsciente sobre la felicidad que en ocasiones salimos a buscar muy lejos y que muchas veces tenemos al alcance de la mano. En cuanto a ese transfondo social, no tenía pensado hablar de eso; podía haber comenzado en la casa de Marino y haber terminado allí pero la verdad es que es un reto, aunque vengo de esa clase de literatura, es más de mi gusto, esa literatura pasiva en la que parece que no pasa nada, pero en realidad pasan muchas cosas, como ese relato formidable de García Márquez, “Relato de un náufrago”. Como te digo para mí es un reto y quizá me infravaloro como escritor; cuando empiezo a escribir no veo la punta, es con la propia trama cuando surge ese trasfondo social, no dejo de ser periodista y estoy en constante relación con la realidad de a pie, y tomo temas que, por desgracia, tenemos que ver cada día. Por eso la novela se convierte en thriller,evoluciona así.
Especialmente tiernos son algunos pasajes en los que recorremos la infancia de Marino Parejo; en uno de ellos, Marino mira ensimismado el retrato de su abuelo vestido de militar ¿con qué soñaba Álvaro de pequeño, con qué sueña Álvaro Romero adulto?
Cuando era pequeño tenía muchos sueños, yo creo que como todos los niños. Fui monaguillo durante unos años, me gustaba mucho la iglesia, su plasticidad, el lenguaje bíblico, del que he bebido mucho, yo siempre digo que el realismo mágico se inventó en el Génesis (Risas), me gustan mucho los ritos y junto a que yo era un niño muy bueno, en mi casa, mi familia quería que fuera cura, todo el mundo lo decía, era un sueño de todos, menos mío; todo el mundo lo soñaba menos yo, no era lo que yo quería para mí. Ya de adolescente me di cuenta que lo que yo quería era escribir. Pensé en estudiar Filología Hispánica pero finalmente terminé en Periodismo, donde me doctoré. Soy profesor de Literatura más por necesidad tal vez de cierta estabilidad; los hijos te cambian totalmente la vida. Mi intención es seguir en el mundo de la novela pero si tengo que hablar de un sueño, supongo que tiene que ver con la felicidad de mis hijos.
¿Cómo ves el mundo de las letras en la actualidad, crees que se está sacando toda la pulpa a los jóvenes?
Creo que es la pregunta más difícil que me has hecho. Futuro hay, más que nunca, aunque sí creo que no se trata de la generación más preparada como se suele decir, al menos no del todo y me explico; yo soy docente y veo que durante los últimos 20 años no se han potenciado los textos por ejemplo, hay cierto golosineo por así decirlo; ves hoy en las aulas niños incapaces de coger un texto y analizarlo, como si estuvieran acostumbrados a trazar un camino que alguien más inteligente ya ha trazado por ellos, es todo más pragmático, más mecánico, hay mucho test, mucha “flechita”, mucha tecla pero discursividad no hay. Esto nos da una juventud, efectivamente preparada pero incapaz en muchos casos de desgranar la estructura que todo tiene. En cuanto a los escritores hay muchos y muy buenos, sí es difícil el mundo de la industria editorial, porque muchas veces son antes industria que editorial, por lo que suelen ser conservadoras y no hablo solo de un editor que pueda ser valiente o no, hablo de toda la cadena. Yo creo que hace unos años los escritores rompían antes, por ejemplo con la primera novela, actualmente hay muy buenos autores con siete u ocho libros publicados que les cuesta mantenerse, es muy complicado dedicarse a este mundo, quizá por la saturación de mensajes que hay hoy en día, nos llegan desde todas partes, antes esos mensajes muchas veces provenían de los novelistas. Luego también hay una depuración natural, que tu obra perdure o no en el tiempo es algo que ya se verá. Ediciones en Huida por ejemplo se está moviendo mucho con la novela, es una editorial que edita y distribuye, es un esfuerzo mío y de la propia editorial. Aunque tengo los pies en el suelo y soy muy realista, llevamos una buena cifra de libros vendidos, estoy contento, mucho más de lo que estaría hace ocho o nueve años, ahora soy más realista, sé cómo funciona esto y sé lo complicado que es que alguien vaya a una librería, coja tu libro y lo compre, es algo que valoro mucho.
Hay escritores que se vanaglorian de escribir para sí mismos, ¿Para quién escribe Alvaro, para qué lector?
Es muy peligroso ese juego; la verdad es que es un reto escribir para uno mismo; recuerdo un estupendo artículo de Elvira Lindo, que menciono en mi tesis doctoral, refiriéndose al mundo del columnista, del que formo parte, y que venía a decir que un columnista nunca dice algo que sabe que no va a recibir el aplauso de su público, en cierta manera, tiene razón; yo soy columnista y en la novela lo que intento es conseguir un equilibrio, pienso en un público heterogéneo, en un lector que le gusta la literatura. Supongo que he escrito la novela que me gustaría leer, tú eres el primer lector.
Imagina que Pulpa de limón fuera un lienzo, ¿Quién pintaría tu novela? dime un pintor.
Yo creo que me quedo con Goya, me parece un personaje fascinante, como tantos otros que han sido capaces de trazar una línea, un antes y un después pero que no pierden de vista la realidad que les rodea; personajes ácidos como Valle Inclán o Quevedo o tantos otros; ven el más acá y el más allá, son los mejores en su oficio pero también hacen lo que quieren hacer. Estoy muy contento con la portada, podría ser la casa del padre Felipe, en ella se ve una mecedora vacía y un patio al fondo, se ve lo que hay fuera y lo que hay dentro, es muy simbólica, es un elemento común; la parsimonia y la trivialidad de una mecedora frente al personaje que se ha sentado pero que no está, se ha ido. Todos los personajes se han levantado y se han ido a alguna parte.
Un autor que te haya influído como escritor.
Muchos, por ejemplo me quedo con García Márquez por su lenguaje, su forma de hilvanar un párrafo, de trazar personajes rotundos, solitarios, dibujándolos, sacados de la nada, me parece admirable; pero sobretodo me quedo con la costrucción de su párrafo. Yo soy mucho del párrafo, de construir y releer, soy incapaz de tirar nada, por eso admiro tanto ese trazado que puede dar tanta profundidad a un personaje en seis líneas, el amor a la palabra precisa. Me marcó mucho en su día Julio Llamazares, aquel monólogo deLa lluvia amarilla me parece sublime. También me ha influído mucho G.K Chesterton o la observación de la realidad de Truman Capote, su forma de plasmar los personajes sin dañar la prosa. De Eduardo Mendoza me quedo con su oído, es muy polifónico, cosa que me gusta mucho. Me preocupaba mucho tener una sola voz en la novela, he intentado huir de eso, estoy orgulloso de la forma de hablar del obispo por ejemplo, de su plasticidad. Tengo obsesión por la voz del narrador, por lo creíble o no de lo que se cuenta, es como un complejo que tengo, el realismo mágico brilla por eso precisamente; créetelo, escríbelo y la gente lo creerá.
Dinos una novela donde te gustaría vivir o visitar
No me importaría visitar alguno de los escenarios donde se mueve Carvalho, el personaje de Vázquez Montalbán, escenarios no especialmente bonitos pero que me resultan fascinantes, como aquel en el que está en su casa, solo, quemando libros que ya ha leído en la chimenea y bebiendo whisky. También me quedo con los barcos de vapor y los paisajes del Mississipi de Tom Sawyer, esa estampa que narra Twain. Me quedo siempre más con la estética, la prefiero a la aventura.
Veo que tus sueños siguen ligados a la novela, ¿Cuánto de periodista y cuánto de novelista hay en ti?
Lo de periodista es más bien una necesidad, tengo que escupir para no tragar tanta quina, hay tanto que contar. Yo pienso escribiendo, por ejemplo, el lenguaje lo articula el pensamiento y si el lenguaje es pausado, tienes que escribir, borrar, reescribir etc.: probablemente pienses mejor al escribirlo que si lo dices directamente. Ser novelista es mucho más complicado, partiendo siempre del lastre que tiene una novela, que se le supone que no es necesaria, pero que a su vez la hace mágica. Decía Javier Marías que la realidad que pintas en una ficción es la única incontrovertible. En la literatura no hay discusión, la única verdad verdadera es la ficción. Lo cierto es que la realidad se me queda corta a veces, por eso me tira tanto la novela, que es lo que late en mí, antes incluso que el periodismo. Con las veintiocho letras del abecedario se puede cambiar el mundo, el lenguaje es mi realidad.»
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